Yoga, tuga, elga, ellaga, nosotrasga, vosotrasga… ¡¡¡Todos yoga!!!

Estaba claro que en India tenía que hacer yoga. ¿Dónde mejor si no? “Donde fueres, haz lo que vieres”, o la versión en inglés: “Be water, my friend”. No es que todos los indios practiquen yoga de manera natural, después de ducharse y antes de coger el tren que les lleva al trabajo. No. De hecho, sospecho que el porcentaje de indios que practican yoga es bastante bajo y es probable que algunos países superen ese porcentaje (¿habrá estadísticas?). Pero lo que sí que es cierto es que fue aquí dónde se inventó hace más de 25 siglos y desde dónde se ha extendido al resto del mundo de manera sorprendente. Aquí existen multitud de centros dónde se puede practicar,  academias para hacerte monitor, tiendas donde venden todo tipo de accesorios y librerías dónde se encuentran manuales y textos sobre las variaciones hechas por distintos gurús a lo largo de la historia. Creo que cualquier amante de esta práctica debería venir a India en algún momento de su vida para lograr entender la dimensión de esta actividad tan antigua, que incorpora los 2 elementos fundamentales del cuidado de uno mismo: lo físico y lo espiritual.

Yo había practicado yoga en España y en Namibia y, bueno, me gustaba, me sentía a gusto haciéndolo, pero en ninguno de los 2 países logré engancharme de la manera que me he enganchado aquí desde el primer día en que fui a una clase de Gourav, mi profesor. Como bien sabéis, los aspectos en los que el yoga incide son básicamente la elasticidad, el equilibrio, la movilidad y la fuerza. Además de los asanas (posturas) para trabajar todos estos aspectos, la mayoría de las escuelas también incorporan ejercicios de respiración y relajación.

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Es una actividad que puede ser practicada por todo el mundo y que se puede adaptar a tus necesidades físicas, tus potencialidades, tus limitaciones, tus aspiraciones… El único elemento que a priori no se ejercita es el cardio, pero hay maneras de trabajarlo aumentando la repetición y el ritmo durante la realización de las distintas posturas.

Sirva esto de introducción a lo que en realidad quería contaros hoy.

A los pocos días de llegar a Delhi me apunté a un grupo de yoga cerca de casa, que está liderado por una gente que me ha caído muy bien porque lo hacen todo con mucho amor (Más info sobre Hith Yoga aquí). Ofrecen sesiones varios días a la semana, por la mañana y por la tarde, y hay bastante flexibilidad para que lo adaptes a tus horarios y disponibilidades. Además de las clases de yoga, de las que uno sale rendido y ciertamente en forma, también organizan varios retiros y excursiones a lo largo del año. En estas escapadas, se combina el yoga con otras actividades: meditación, trekking, rafting, acampada libre, etc.

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Justo a finales de marzo habían organizado uno de 4 días recomendado para principiantes (like me!!) y decidí apuntarme. Además de yoga, había programadas actividades de meditación, una visita a una ONGD local, un par de trekkings y un día entero en silencio. El lugar, Satkhol (Uttarakhand), un pueblo a unas 8 horas de Delhi, viajando en tren y minibús, cerca de las montañas de la cordillera del Himalaya, se encuentra en una zona relativamente cercana a Rishikesh, que es uno de los destinos más famosos para el estudio en profundidad y la práctica de yoga, (Más información sobre retiros de yoga en India aquí) lo que ha ayudado a que este lugar esté menos masificado y que hayamos podido quedarnos en un lugar en el que podíamos disfrutar al máximo de los sonidos de la naturaleza.

Cada mañana hacíamos una sesión de yoga antes de desayunar y otra por la tarde, después de haber digerido la comida del mediodía. Además, a lo largo de la mañana, por la tarde y antes de acostarnos, teníamos sesiones de meditación y relajación guiadas, siguiendo distintas metodologías (focalización en los 5 sentidos, repetición de un mantra, escaneo de las partes del cuerpo para lograr la máxima relajación, técnicas para el manejo y control mental de los problemas, las preocupaciones y las obsesiones que todos tenemos, meditación activa o en movimiento, etc.). Además de estas sesiones todo el grupo nos juntábamos para comer en un comedor reservado para nosotros y con un menú vegetariano diseñado por Hitanshi, una de las organizadoras, considerando el valor nutricional y la función de cada uno de los alimentos y hierbas, y adaptando platos típicos indios a los paladares de los no-indios. A pesar de la sencillez de la cocina donde estos platos eran cocinados, la calidad de los mismos ha sido algo destacado por todos nosotros en la valoración final. Una verdadera delicia. Porque una cosa muy importante es que, para sacarle el máximo rendimiento a la práctica de yoga, el ejercicio ha de ir acompañado de una buena alimentación.

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Las sesiones en las que la meditación se hace en total quietud ha sido lo que a mí más difícil se me ha hecho. Es algo de lo que no era consciente hasta que me he puesto en ello. Me cuesta estarme quieta cuando estoy despierta. Pero bueno, este tema también ha dado mucho juego al grupo y después de las sesiones nos hemos echado unas buenas risas, ya que siempre hay gente que se duerme (good for them!!) y otros que, como yo, pasan más tiempo concentrándose en no moverse que en imaginar que se está en los lugares más maravillosos del mundo, sintiendo paz y felicidad . Yo en posición sentada aguanto bastante bien, pero tumbadita boca arriba… como que no…

El día de silencio, sin embargo, es muy llevadero porque un día no es nada. Uno pone un poco en orden su cabeza, pero de nada sirve si no se incorporan estas técnicas de relajación y meditación en la cotidianidad. Por supuesto que no se trata sólo de aprender a estar en silencio, si no también de ser capaces de desconectar con el mundo (no móviles, no lectura, no escritura, no música…) y ser conscientes de nuestra propia realidad interior.

Al parecer hay un tipo de retiro en silencio que es muy conocido a nivel mundial y que se realiza durante 10 días en completo silencio. Se llama Vipassana (Leer más aquí) y se lleva a cabo en todo el mundo, en distintos lugares, a veces en antiguas cárceles, y sí que debe de ser un ejercicio duro pero renovador.

Yo por ahora no estoy para Vipassanas, pero voy a continuar con mi práctica bisemanal de yoga e introduciendo poco a poco a los niños con una profesora que va a venir a casa un día a la semana. Si cuando vayamos a España nos veis a todos con una sonrisa de oreja a oreja en la cara, ya sabéis a qué se debe.

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Viajecito al norte de Vietnam

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Volver a casa después de un viaje me produce mucho placer: sacar las cosas sucias de la maleta; estirar aquellas prendas que no te has puesto y, por lo tanto, llevan varios días dobladas (o hechas un gurruño) y están arrugadísimas; reabrir la artesanía, los objetos de recuerdo o los regalos que has comprado; pegarte una ducha y ponerte un pijama limpio; tomar algo fresco de tu nevera (si vuelves a Madrid, beber ese agua deliciosa..); utilizar tu cuarto de baño (también) y, por supuesto, dormir en tu cama. Cuando al día siguiente sales a la calle, cada sonido, cada imagen y cada olor te confirman que efectivamente has vuelto a casa.

Así me sentía yo el lunes por la mañana cuando cogí un rickshaw para ir a mi clase de yoga. Las calles de Delhi siguen en general llenas de mierda, pero es la mierda de mi casa, de mi sitio, y ya no me molesta tanto. Los olores ya no me son ajenos. De hecho, apenas me huele a nada…

Hemos estado en el norte de Vietnam 9 días: 1 noche en el avión de ida, 2 noches en barco, 2 noches en tren y 3 en un hotel en Hanoi, la capital. La duda sobre si ir al norte o al sur del país se resolvió cuando vimos la previsión del tiempo para el mes de marzo: en el norte, fresquito; y en el sur, altas temperaturas. Bastante vamos a tener ya de lo segundo aquí en Delhi en los próximos meses así que no fue necesario darle más vueltas. Todo el país está repleto de puntos de interés turístico y, además, si se cuenta con más días, se suele combinar con una escapada a Angkor Wat, en Camboya, que para los que no lo sepáis, es un templo hinduista enorme declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO. En el próximo viaje a esa zona, seguro que durante el invierno para asegurar que el calor no es mortal, visitaremos este templo (por favor, no se lo digáis a los niños, que dicho así este plan seguro que no les mola).

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Los niños. ¿Os he dicho alguna vez que son lo más lindo que ha parido madre? (Si alguien se atreve a discutirlo, que venga aquí y me lo diga a la cara). Se portan fenomenal en los viajes; son unos entusiastas; disfrutan con todo; como todos los niños, a ratos hay que motivarles (“¿¿¿otra vez a andar???”- “Sí, pero hoy vamos a una montaña desde la que casi se puede tocar el cielo…”) y a ratos también hay que “soportarles”: se pelean, se cansan de ciertas cosas, les duele aquí y allá,… tienes que adaptarte a su ritmo y también dejas de hacer planes que con ellos son inimaginables, como salir por la noche de bares o sentarte en una cafetería abierta a la calle durante horas para simplemente observar todo lo que sucede a tu alrededor. Eso, como que no. Pero son pocas las cosas que dejas de hacer. Vietnam es un país que los anglosajones llamarían “family friendly” porque cualquier actividad se puede adaptar a los niños y, es más, al tratarse de un turismo básicamente de naturaleza, todo es un absoluto disfrute para ellos.

Comenzamos el viaje con la sospecha de que Mara tenía parásitos: mientras facturábamos el pasaporte, Tomás contactó por whatsapp con Jorge, un amigo medico de familia y pediatra de España para decirle los síntomas y, en vista de que todo parecía apuntar a que eran parásitos, tuvimos que comprar el medicamento en la farmacia que hay en la zona de embarque. Bonita manera de iniciar un viaje, ¿no? Luego hemos tenido amagos de fiebre, muchas toses y mocos, dolores de piernas… vamos, lo normal. Nada de ello ha sido limitante.

Cosas que comentar a partir del poco conocimiento del país que adquieres en 9 días:

  • En Hanoi, además de las calles llenas de tiendas y cafeterías con gente por todas partes, hay un lago que se puede rodear andando por una zona llena de árboles, muy agradable. Tiene un templito en medio y un puente que da a un islote en el que hay una especie de pagoda. Seguro que hay más zonas parecidas más allá del área turística. Además, también están el Museo y el Mausoleo de Ho Chi Minh, dónde se encuentra el líder de la independencia embalsamado. Museo, palabra prohibida para los niños. África lo dejó bien claro en el Libro de Visitas.

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  • Vietnam es el segundo país del mundo en producción de café. Yo no soy una experta, de hecho apenas tomo café, pero allí me ha gustado. La manera más típica de tomarlo es con huevo. Sí, con huevo: mezclan la yema con azúcar y se lo echan tal cuál al café. Riquísimo. Y nutritivo.
  • Con el objetivo de limitar la compra y circulación de coches por las calles y carreteras del país, los impuestos para la adquisición de coches son altísimos. Por eso se ven tantas motos por todas partes y por eso el tráfico no es tan infernal como en otras ciudades de Asia. Ya podían tomar nota en Bangladesh…

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  • A simple vista, la relación entre los hombres y las mujeres es bastante igualitaria, si lo comparas de nuevo con otros países de Asia (y yo en particular comparándolo con India, donde la posición/ situación de la mujer es en general nefasta). Por supuesto que habrá muchas diferencias entre el ámbito urbano y el rural y, seguro que no es oro todo lo que reluce. Con la guía de Sapa tuvimos una conversación muy interesante sobre los matrimonios concertados y el pago de la dote. Básicamente ella acepta que sea el hombre el que “secuestre” a la mujer (kidnap es el término en inglés que utilizaba) pero que encima la mujer tenga que pagar una dote como en India… (y se reía con cierto aire de superioridad). Justo en esos días se publicó este artículo en Planeta Futuro de El País y algo menciona sobre el tema de las mujeres. Leer artículo aquí Si, además, queréis ver la situación de los derechos humanos en el país también se puede leer el capítulo sobre Vietnam del último Informe de Amnistía Internacional Leer informe aquí
  • La gente es amable, sonriente y dedicada a su trabajo, al menos los que tratan con los turistas. Imagino que, como en el punto anterior, una cosa es estar allí unos días y otras pretender coordinar un equipo con población local y querer llegar a los mismos niveles de eficiencia y productividad que en otros países del mundo. No quiero yo sacar conclusiones sin fundamento, pero, no sé, al tratarse de un régimen socialista (con un partido único, lo cuál es bastante antidemocrático) el dinero no corrompe todas las relaciones, como sucede en los sistemas capitalistas. Este tema da para un amplio debate y no es esa mi intención, pero sí quiero resaltar que se agradece percibir que la gente es amable por que sí, no porque esperen algo a cambio. Por ejemplo, quisimos dejar propina en un restaurante muy sencillo en el que habíamos comido de lujo y la señora se negó a aceptarla porque decía que el hecho de que nos hubiera gustado su comida era suficiente propina para ella. Y no fue la única.

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  • Sobre los sitios que visitamos y las actividades que hicimos: contratamos una excursión para pasar 2 noches en un barco en la bahía de Halong. Todo comodísimo, el lugar absolutamente espectacular (de ahí que lo hayan elegido en varias ocasiones para grabar películas de barcos… es un sitio mágico), hicimos kayaking, nos bañamos en las playas, pescamos con red desde un barquito de pescadores golpeando la superficie del barquito con palos de madera para atraer a los peces; por la noche también pescamos calamares, atrayéndoles con luz y subiendo y bajando la caña sin parar hasta que alguno se enganchara; visitamos una cueva de las muchas que hay en los mogotes o montañas de la isla, visitamos un pueblo flotante de pescadores y, además, aprendimos a hacer rollitos de primavera crudos y fritos.

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  • También cogimos un tren nocturno a Sapa, una región que queda al noroeste del país, muy cerquita de China. Es una región montañosa en la que el paisaje está inundado de terrazas en las que plantan arroz. Hicimos 2 trekkings, uno de 13 km y el otro de 6 km pero subiendo y bajando, también agotador. Estaba nublado pero lo disfrutamos igual. Y como detalle para recordar: África se anduvo los 13 km descalza porque le molestaban los zapatos y no soltó ni una sola queja. De hecho ha descubierto que quiere hacer escalada y montañismo, así que Tomás feliz porque ya tiene a alguien que le acompañe a hacer la subida al campo base del Annapurna.

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  • Última excursión: desde Hanoi hicimos una excursión a la región de Ninh Binh, a unas 2 horas y pico de distancia. Los pueblos que visitamos se llaman Hoa Lu (Juanlu, para los amigos) y Tam Coc. Es una zona parecida a Halong Bay, llena de montañas rocosas, como mogotes, pero atravesados por ríos y rodeados de campos de arroz. No nos lo esperábamos, pero pasamos un día fantástico: nos llevaron en una barquita cuyos remos eran a ratos manejados por los pies con mucha habilidad y pasamos por debajo de las montañas por una especie de túneles naturales; visitamos unos templos en lo que antiguamente fue la capital de Vietnam del norte; y, por último, paseamos por la zona con unas bicicletas alquiladas que con niños de nuestras edades son la mayor diversión que puede existir. Guille en esto es el rey. Todo, de nuevo, precioso.

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¿Apetece un viaje a Vietnam, verdad? Muy bien… pero antes venid a vernos a India, eh????

Tercera carta desde India o sobre necesidades, injusticias, potencialidades y éxitos

Una fotografía bonita, un comentario sobre el autor y una cuestión que se ha convertido casi en una obsesión para mi desde que vivo en Delhi. Me cuenta una amiga que el fotógrafo aprendió el oficio en uno de esos cursos que imparten las ONGDs para personas sin hogar y que gracias a eso tenemos acceso a unas fotografías maravillosas de un verdadero artista. Cuando se quedó huérfano, fue a parar a un centro de acogida de alguna ciudad de India, pero no se adaptó a la rigidez y la disciplina que allí le imponían y se escapó y estuvo viviendo en la calle durante una temporada hasta que decidió volver al centro donde pudo asistir a un curso de fotografía que le cambió la vida. Parece el argumento de una película melosa, de estas que tienen final feliz y que nos ayudan a pensar que la vida no es tan dura, pero es la pura realidad, una razón más por la que creer y apoyar a las organizaciones sociales y a aquellas que hacen cooperación para el desarrollo. No es por caridad, es por justicia que la acción social y la cooperación para el desarrollo deben de ser una prioridad, también presupuestaria, de nuestros gobiernos. Todo el mundo se merece una oportunidad (si no mil!!!). La ayuda sí llega, sí es necesaria y sí es efectiva.

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Pero bueno, no quería hacer un alegato a favor a la cooperación al desarrollo, es sólo que estoy cansada de escuchar comentarios críticos del trabajo de las ONGDs y de leer que nuestros gobiernos siguen dando cantidades irrisorias a la cooperación al desarrollo como resultado de un cuestionamiento de la labor que estas realizan y de vez en cuando necesito desahogarme. Ver Coop. Desarrollo Comunidad de Madrid

 

En cualquier caso, lo que me interesa ahora mismo es un detalle de esa conversación: durante el tiempo que el artista estuvo viviendo en la calle su principal preocupación durante el día era ganar el dinero suficiente como para por la noche poder alquilar una manta para dormir. (Por favor, deja de leer un momento y piensa en ello en silencio. Es impactante, ¿no?).

 

Según el India Homeless Resource Network el número de personas sin hogar en India en 2011 era ligeramente superior a los 17 millones de personas Ver IHRN Os doy el dato y no sé lo que os inspirará: suena a mucha gente, pero es que aquí son todo números grandes. Podría poneros ese dato en términos relativos, comparando el porcentaje respecto a la población total con porcentajes de personas sin hogar en otros lugares del mundo, pero en realidad no quiero que os fijéis sólo en el dato (son muchos, sí) pero ¿es el número lo que nos aterra? Creo que a mi me aterran más las imágenes que veo cada día y las historias que me cuentan.

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Debajo de los puentes, en las aceras de cualquier calle, en los jardines y las intersecciones de las calles, justo enfrente del colegio de los niños… por todas partes hay gente que vive en la calle. La gente que es de aquí o extranjeros que llevan mucho tiempo viviendo aquí nos dicen que ya nos acostumbraremos, pero ¿cómo puede uno acostumbrarse a esto? Estoy hablando de gente que duerme entre el ruido de la calle y que, por la mañana temprano, cuando pasamos con el coche camino del cole, sacan la cabeza de su manta y miran a su alrededor como para adivinar si ya es buena hora para levantarse; niños que se quitan la chaqueta mugrienta porque a mediodía empieza a hacer calor y la colocan sobre un seto, sin haber tenido la ocasión jamás en su vida de colgarla en una percha dentro de un armario; madres que dejan a sus bebes en el suelo mientras terminan de ajustarse el pañuelo que les envuelve la cabeza, bebes con los que dormirán acurrucados debajo de una manta alquilada; familias que se reúnen en torno a un fuego donde están cocinando Dios sabe qué, mientras una señora lava una cacerola metálica dentro de un balde de agua; una niña, con su ropa preciosa de colores pero con todo el polvo del mundo cubriendo su brillo, que juega corriendo de un lado a otro y que en cuanto nota que la estamos mirando, se acerca para pedirnos dinero; grupos sólo de chicas jóvenes con niños; 2 chicos sentados de cuclillas jugando a las cartas; gente que probablemente nunca en toda su vida se ha sentado en un váter, o ha tomado una ducha caliente por la mañana, o se ha sentado en la intimidad a tomarse el yogur que podría sacar de la nevera, o que nunca se ha levantado con la confianza de que por la noche tendrá su cama con sus sábanas limpias y su manta calentita. ¿Qué queréis que os diga? Yo no puedo acostumbrarme a esto.

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En España asociamos a las personas sin hogar con gente con adiciones o con trastornos mentales. Aquí se asocia a la casta y a expulsiones de las comunidades. Acabo de terminar un libro que recomiendo fervorosamente que se llama El tigre blanco, de un autor indio llamado Aravind Adiga. Cuando acabé de leerlo estaba tan entusiasmada que me pasé un rato diciendo: qué tío, qué cabrón!! (por el autor), ¿¿¡¡cómo ha podido escribir esta obra de arte!!?? Es duro, pero es tan auténtico y tan esclarecedor que merece la pena aguantar la dureza. Trata sobre hasta qué punto la casta a la que perteneces determina tu calidad de vida en el presente y tus opciones de futuro, y cómo una “salida de tiesto” puede marginarte completamente a ti y a tu familia. Leedlo. No quiero contar más.

 

Y mientras le doy gracias a la vida, que me ha dado tanto, también os invito a que tengáis los ojos y el corazón abiertos y a que no cuestionéis el trabajo de las ONGDs. Se comenten muchos errores, pero también se hace una labor de atención directa a personas víctimas de situaciones injustas y un trabajo de denuncia social que ningún gobierno podría asumir. No es caridad, es justicia. Si no colaboráis con ninguna, hacedlo, y si no sabéis con cual, decidme y yo os cuento. ¿Qué mandona estoy, no? Es la maternidad, que me está trastornando ¡¡Hasta la próxima!!

Segunda carta desde India o sobre dónde encontrar productos para mantener a tono el ñam

Hay una frase tonta que a mí me hace mucha gracia que dice algo así como que la vida es el equilibrio entre el Gym y el Ñam. Ji ji, es una chorrada de las grandes, pero es de esas cosas que uno le cuenta un día a los hijos, y a ellos les hace también gracia y entonces deciden llamar así a 2 perros callejeros que siempre deambulan por la puerta de nuestro edificio. Así nos reímos siempre que les vemos. Buff, hay que buscar motivos para reírse, especialmente en estos días, porque ciertamente no estamos pasando un buen momento a nivel mundial. Es descorazonador leer las noticias y aquí tampoco ayuda mucho salir a la calle y ver cómo vive la gente. Así que el seguimiento de lo que sucede en el mundo, que es obligatorio hacer por razones éticas, hay que combinarlo con grandes dosis de humor.

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Yo hoy voy a contaros que he entrado por primera vez a comprar en el INA Market de Delhi. Desde que llegué no he parado de moverme por la ciudad para llegar a conocer, primero, qué tipo de cosas se pueden encontrar, segundo, a qué precio, y tercero, dónde. Es una cuestión de pura supervivencia y búsqueda de independencia. Bueno, pues a uno de los primeros sitios a los que me llevaron fue el INA Market, que está relativamente cerca de casa, y donde al parecer se puede comprar de todo. Pero cuando llegué allí y vi el mogollón de gente, las moscas alrededor de una moto que no sé qué llevaba atrás y los pasillos estrechos que van a dar a un punto en el infinito donde bien podría estar el averno, me impresionó tanto que no me atreví a bajarme del coche. “Mejor vayamos al Mall- pensé– o a Defense Colony, donde están todas las tiendas de productos importados. Me da igual pagar más”. Y no es porque una no esté acostumbrada a este tipo de sitios: en Namibia nos gustaba ir a comprar kapana (carne) en el Single Quarters de Katutura porque la hacían riquísima y tendríais que ver también las moscas que se congregan allí; y en Chokwe (Mozambique) también comprábamos en el mercado local básicamente porque no había otro sitio donde ir. Pero en Delhi hay que tener en cuenta que el número de personas por km cuadrado se multiplica por 10, o por 100, o por 1000, y eso no ayuda a que uno se sienta cómodo y a que el lugar se mantenga, digamos, limpio.

Así que durante estas primeras semanas he comprado en otros muchos sitios, cosas para la casa y alimentos para consumo diario, pero seguía sin atreverme a ir al INA Market. Sin embargo, una amiga me dijo que podíamos ir juntas y decidí darle otra oportunidad. Y… ¡¡¡me ha encantado!!! ¡¡¡Qué equivocada estaba!!!

Los puestos de frutas y verduras son sencillamente espectaculares: los colores, la variedad, la limpieza y el orden (sí!!). Para aquellos a los que nos gusta cocinar y probar cosas nuevas, venir a India es un festín. Aquí venden todo lo que uno se puede imaginar, lo que existe y casi hasta lo que no existe. La okra, por ejemplo, es esta especie de judía verde pero con forma alargada hexagonal, deliciosa; tienen distintos tipos de acelgas/ espinacas (una de ellas me recuerda a la “couve” que vendían en Mozambique y que Doña Ana cocinaba tan rico); jengibre y cúrcuma frescos; zanahorias naranjas y rojas, la segundas un poco más dulces que las primeras; fresas, frambuesas, moras…; por supuesto, todo tipo de pimientos picantes, con los que hacen los distintos curris; frutas y verduras que aún desconozco; guisantes con vaina y sin vaina, frescos!!; distintas variedades de setas y también hierbas aromáticas frescas. Además, te venden los cuadraditos de masa de harina con los que se hacen las samosas. Muy práctico.

También hay puestos de productos enlatados. En uno de ellos compré varias cosas: nori para hacer sushi, salsa de soja, salmón fresco congelado y salmón ahumado, tortillas de harina de trigo y tacos de maíz, nutella, pita bread tamaño grande y pequeño,… No tenía efectivo y el hombre de ese puesto me dijo que se le había estropeado el datáfono, así que me pidió que le diera mi dirección y teléfono y mandaría a alguien a cobrar. Qué detalle, ¿no? Me gusta que las relaciones estén basadas en la confianza.

Hay otros puestos de especias y de frutos secos: canela, comino, pimienta, cúrcuma, masala, mostaza en polvo… almendras, piñones, pipas, pistachos (que tienen un precio razonable, acostumbrada al precio prohibitivo de otros países)… También venden harinas de distintos cereales, distintos tipos de arroz y legumbres. De nuevo muchas cosas que desconozco cómo se llaman o cómo saben. Está todo empaquetado en bolsitas de distintos tamaños que luego la gente vacía en unos recipientes en casa.

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En este tipo de mercados también hay puestos de cosas no comestibles, como menaje del hogar, aparatos eléctricos, droguería, bisutería, juguetes,… Pero lo que sin duda llama más nuestra atención son los puestos de carne (pollo, cordero y cerdo- recordad que las vacas aquí son sólo para mirar, pero no para tocar, o al menos no tocar con los dientes) y pescado. Creo que las imágenes que voy a poner a continuación hablarán por si solas. Y que conste que aunque parezca primitivo, me parece una manera más que digna de vender y comprar y que a partir de ahora no pienso ir a ningún otro lugar para abastecerme de comida. Si este país puede estar orgulloso de algo- y lo está por muchos motivos- es de su comida. Se come de lujo en todas partes, en restaurantes caros y en puestos callejeros, pero eso da para otra entrada.

Como veis, me decanto claramente por el ñam. Voy a ver si otro día os cuento algo del yoga, que es otro orgullo nacional, para compensar un poco.

Primera carta desde India o sobre cómo explicarle lo que es la pobreza a un niño de 10 años

Antes de llegar a Delhi sabíamos que no iba a ser una ciudad fácil. Hace años Tomás y yo vinimos de viaje a India con un grupo de amigos con la idea de pasar 3 semanas y lo cierto es que nos resultó tan chocante, y en ocasiones tan insoportable, que la última semana nos cogimos un vuelo y “huimos” a Katmandú (Nepal) para disfrutar de otro tipo de paisajes más abiertos, para descubrir otro tipo de ambientes menos sucios, para comer otro tipo de comida menos picante y para hacer otro tipo de turismo menos intenso. ¿¡Quién nos iba a decir a nosotros que pasados unos años íbamos a acabar viniendo aquí a vivir!? ¡¡con nuestros hijos!!

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No es una ciudad fácil, claro que no, eso es una afirmación objetiva. Peor aún cuando la comparamos con el lugar en el que hemos vivido durante los últimos 5 años, Windhoek (Namibia), que es el paraíso terrenal. Una apuesta de turismo segura y un lugar donde casi todo el mundo se siente feliz cuando vive allí una temporada. Windhoek, cerca de 300.000 habitantes en la actualidad, ambiente de pueblo, manejable, orden y limpieza en sus calles, disponibilidad de una gran variedad de productos para el consumo diario, acceso a una oferta razonable de actividades para los niños, con lugares espectaculares para cenar o para salir a pasar un fin de semana cerca, con una comunidad internacional pequeña, donde se pueden hacer buenos amigos. Un lugar en el que después de tanto tiempo nos sentíamos cómodos, a pesar de que ciertamente estábamos deseando marcharnos (y estos sentimientos son compatibles, por mucho que a algunos os pueda parecer que no).

Delhi, como decía, es objetivamente difícil. Las noticias que cada vez más a menudo llegan a España sobre India dan una idea real de muchas de las cosas a las que uno se enfrenta cuando llega aquí. Malos olores, suciedad, contaminación, multitudes de gente, pobreza, arraigo fuerte a sus costumbres, a su religión y a su cultura, desigualdad social y económica, machismo y menosprecio generalizado hacia las mujeres, estructura de castas, tráfico infernal y caos en las ciudades… Todo esto es cierto. Nadie puede negarlo. A primera vista, es así.

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Como lo sabíamos, hemos tenido que hacer un ejercicio de mentalización previo. Tomás lo ha tenido más fácil porque después de 8 meses en Dhaka uno está ya preparado para todo, así que llegar a Delhi ha sido una mejora cualitativa considerable. Para mí también ha sido relativamente sencillo porque ya sabía lo que me esperaba y, sobre todo, porque era consciente de que todo es cuestión de actitud: nada de lo mencionado anteriormente se puede negar, pero sí depende de uno mismo el verlo con positivismo o no, de ahí que haya gente que no soporta India mientras que hay otros que la adoran. Si este tipo de personas pueden verlo así, yo también puedo (Yes, we can!). Y por ahora me está funcionando. No sé si algún día me caeré del guindo y me hartaré, pero hasta la fecha no me está disgustando la experiencia.

Sin embargo, preparar a los niños no ha sido fácil. No les ha hecho mucha gracia marcharse de España donde estaban felices. Por otro lado, aún siguen recordando Namibia con nostalgia hasta el punto de que si les preguntamos dónde quieren ir ahora mismo de vacaciones Namibia es su primera opción. Llegar a un sitio nuevo, por muy adaptables que sean las criaturas, tiene su aquel. Y, encima, llegar a una ciudad como Delhi, esto ya sí que es el gran reto entre los retos.

Mara y África están en una edad fácil. Mientras estén con sus padres o con su gente más cercana, ellas están felices. Rápido están haciendo amigos y el “ruido” exterior apenas les molesta. Hacen comentarios de lo que ven, pero eso no les limita en absoluto para estar alegres. Mientras tengan ratos para bailar, cantar, disfrazarse, pintar, ver videos, etc. les da igual estar aquí o en Tombuctú.

Guille… ay, Guille! Qué difícil se le está haciendo. Con sus 10 años se da cuenta de muchas cosas; se le hace más difícil hacer amigos (y eso que es bastante sociable); echa más de menos los espacios y a las personas conocidas; la adaptación a los cambios de metodologías de enseñanza/ aprendizaje le resulta más complicada; y, lo peor de todo, es más sensible a la realidad que nos rodea. Desde el primer viaje que hicimos en coche del aeropuerto hasta nuestra nueva casa viene diciendo que él no quiere vivir aquí. “No me gusta la ciudad– dice- está todo viejo, sucio, roto… hay mucha pobreza y no me gusta la pobreza”. Y es que jamás en su vida había estado expuesto a una realidad tan dura. Lógico que le cueste. En Namibia vivíamos en una burbuja. Sólo de lejos veíamos los townships y apenas te topabas con situaciones dramáticas. Pero aquí está por todas partes. Así que sus preguntas son de lo más comprometedoras:

  • ¿Por qué hay niños que no levantan 5 palmos del suelo acompañados de niños que levantan 7 palmos del suelo y todos ellos sucios, descalzos, con la ropa raída pidiendo dinero por la calle?
  • Mami, me resulta violento que esta señora pegue su cara en el cristal del coche con su niño esquelético y como drogado para que le de algo, ¿qué hago?
  • ¿Cómo es posible que haya tanta gente con alguna minusvalía por la calle? Gente sin brazos y sin piernas arrastrándose por el suelo, muchos cojos, algunos con sus extremidades cortas en total desproporción con el resto del cuerpo, bizcos, ciegos, niños hiperflexibles que hacen piruetas delante de los coches para pedir algo de limosna…
  • ¿Qué hacen tantos colchones, mantas, camisetas, toallas, ropa interior, etc… colgada en las ramas de los árboles, las vallas que separan las 2 direcciones en una vía ancha, los cables de la luz…? ¿Todas esas cosas son de gente que vive y duerme en la calle? ¿No tienen casas?
  • Mamá, mira a ese niño: ha puesto 2 ladrillos uno al lado del otro y se ha agachado. ¡Está haciendo pis!, ¡No, está haciendo caca! ¿Es que no tiene un baño donde poder hacerlo?
  • ¿De dónde sale tanta basura? ¿Por qué están las calles tan rotas? Algunos edificios parece que van a caerse y muchos están como a medio construir. ¿Hay gente que vive en esas casas tan viejas?
  • ¡¡Hay animales por todas partes!! A ver, ¿cuántos hemos visto desde que hemos llegado? Perros, gatos, vacas, cerdos, monos… Un día mamá vio un elefante y 2 camellos en plena carretera!!

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  • Yo no quiero que me corten el pelo en la calle. He visto a un señor que tenía una banqueta y unas tijeras colgadas de la pared de la calle y un señor se ha sentado allí para que le cortara el pelo, o para que le afeitara, no sé.
  • ¿Y a los árboles por qué no les limpian el polvo? Ni siquiera se ve el verde de las hojas. ¿Están así todo el año?
  • Y, este olor, ¿por qué huele tan mal por todas partes? ¿por qué huele la gente tan mal?

Así una y otra pregunta. Luego se dará cuenta que en su colegio, sin embargo, los niños viven en mansiones y sus papás tienen más de 10 coches en su garaje. Y por un lado uno se alegra de que esté viviendo esto porque es la realidad y va teniendo edad para conocerla- y en España también existe pero nos es, como en Namibia, casi inaccesible- pero por otro lado me pregunto cuál será su reacción en un futuro. Quizá genere tal rechazo que no desee volver oír de pobreza en su vida. Si así fuera, de alguna manera habríamos fracasado como padres, porque para nosotros es importante conocer, cuestionarse, sentir y vivir, como base para luego poder actuar en consecuencia, para hacer que este tema sea una preocupación y una prioridad en la vida. Porque esta es la clave: ser feliz, cantar, bailar, disfrazarse, jugar con la Tablet… pero dedicarse también a intentar responder a esas preguntas y, sobre todo, contribuir en la medida de nuestras posibilidades para que estas situaciones no sigan produciéndose. ¿Creéis que es mucho pedir?

Esto lo pido para un futuro, pero para el presente me conformo con que aprenda a ser feliz aquí, y a descubrir la belleza que está detrás de este empacho para los sentidos. Porque belleza hay, seguro que la hay.

Seré sensible, floja, hasta puede que exagerada… pero aquí estoy!

Ayer mi sobrina Inés cumplió 18 años (empecé a escribir este texto el día 16 de dic, no el día que lo publico). Además, Tomás me escribió a primerísima hora de la mañana (no es una exageración mía el uso de este superlativo: 5 horas más en Dhaka hacen que su primera hora de la mañana para mí sea primerísima) para decirme que esa misma tarde iba a tener la 2-meses-esperada Visa para dejar Bangladesh y marcharse a India a trabajar, donde por fin sí que vamos a poder trasladarnos los niños y yo. Buff… ¡¡qué subidón!!! Ambas cosas, el cumple y la visa, pueden parecer carentes de emoción para cualquier persona pero para mí supusieron una inyección de alegría que me duró todo el día y que espero que sean el principio de una nueva y buena etapa, así, sin superlativos.

Inés fue la primera sobrina que tuve. Es la hija mayor de mi hermana mayor. Nos enteramos de que estaban embarazados nada más venir de enterrar a mi abuelo, que era una persona adorable y cuya pérdida supuso una gran tristeza para toda la familia. Esta noticia alivió nuestra pena al asumir que la muerte es sólo una etapa de la vida y no hay una sin la otra. Además, volviendo al tema Inés, supe que era niña estando en Honduras, durante esos 2 primeros meses que pasé en la aldea de Suyapa, en Tegucigalpa, antes de decidir hacer mío ese país por un tiempo más largo. Recuerdo perfectamente la llamada de mis padres a la salita donde estaba el teléfono fijo en casa de las monjas, donde nos alojábamos, y recuerdo también cómo celebré la noticia como si en ello me fuera la vida. Ya ves qué tontería…

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Inesita y yo en algún evento familiar hace un montón de tiempo.

Cuando nació pensé que era la persona más linda del mundo. ¡¡Y lo era!! Ahí en su cunita de hospital, con su bracito colocado a lo flamenca… Nunca habría imaginado que la existencia de una sobrina pudiera llenarme de tanta felicidad, pero así fue. No sabría compararlo con el sentimiento que tuve cuando nació mi primer hijo, es imposible comparar emociones, pero lo cierto es que tener una sobrina en aquel momento fue muy especial para mí. Cuando unos meses después de nacer me marché de nuevo a Honduras, Inés fue, junto con Tomás, la persona a la que más eché de menos. Además de a mis padres y hermanos, claro. Es curioso, ¿no?

Bueno, pues ayer esa niña preciosa que era mi adorada sobrina cumplió 18 añazos. Y eso me hizo recordar esa felicidad, quizá excesiva, sentida hace tiempo. Por supuesto que durante estos 18 años he tenido un millón de momentos de felicidad. De hecho ahora que miro para atrás me doy cuenta de hasta qué punto han sido mis años dorados, con muchos elementos que me han hecho sentirme feliz y estable sin apenas esfuerzo. Por supuesto el nacimiento de mis hijos y el de mis sobrinos, pero también otros motivos y de distinta naturaleza. Pero la mayoría de edad de Inés me trajo a la memoria este recuerdo en concreto que, como os decía antes, coincidió con la noticia de la Visa de Tomás.

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Todos los nietos de mis padres. En esta foto faltaría Eizan, que es nuestro sobrino por parte de Tomás. 

¿Por qué han sido este recuerdo del pasado y este hecho del presente tan importantes para mí? Pues porque llevo una época muy mala, muy floja, muy tonta. Una época en la que ya desde hace unos meses parece que todo se me complica, en la que se me han torcido muchos planes, me he llevado muchas decepciones y se me han venido abajo creencias y certezas que consideraba vitales, haciéndome cuestionarme muchas cosas de mi misma y del mundo en general. No sé si es crisis de los 40 o qué; no sé si, como dice mi padre, estoy empeñada en autocompadecerme o qué; no sé si está fundamentado o no; sé que me podrían haber pasado cosas más graves y que lo peor es la muerte, sí, lo sé, pero lo cierto es que tan curioso, absurdo y exagerado es un motivo de alegría, como curioso, absurdo y exagerado es una situación que te genera tristeza. Sólo son sentimientos que están ahí, por los motivos que sean y sobre los que creo que es bueno hablar con naturalidad.

Yo soy una llorona nata. Lloro absolutamente por todo. Hoy mismo he llorado al escuchar a un chico de un coro de Madagascar que ciego, con una enfermedad que le hace mover las manos sin descanso y apenas articular palabras, canta como los ángeles. Ha interpretado, en honor a su público español, la canción de Soy minero de Antonio Molina, que es una canción que a mí ni me gusta pero ¡¡¡qué cosa tan bonita!!! ¡¡qué emocionante!! Bueno, pues yo como una magdalena…

Estos 8 meses en España no estaban en mis planes y me ha costado encajarlos. Echo mucho de menos a Tomás, estoy sobrecargada con los niños, he tenido algunos desencuentros con personas queridas, no termino de encontrarme en “mi sitio” porque mi sitio ha sido Namibia durante los últimos 5 años y todo se me ha hecho cuesta arriba. Lo único que me ha salvado ha sido que los niños y yo hemos disfrutado como enanos de la compañía de la familia, de la mía propia y de la de Tomás. Ha sido un lujo tenerles cerca, contar con ellos y sentir su apoyo y cariño. He estado muy tonta y ellos me lo han aguantado todo.

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Se publican muchas chorradas en Facebook, pero algunas no están tan mal si reflejan algo que tú también piensas.

Así que, bueno, creo que ya pasó. Como diría la protagonista de “El color púrpura” de Alice Walker: “Seré negra, pobre, hasta pué que fea.. pero a Dios gracias, aquí  ´stoy”. Yo soy sentimental, vehemente, apasionada, miedosa, reflexiva, insegura, directa, sincera, dura, exigente, exagerada, impaciente,… soy muchas cosas, buenas y malas. De las buenas intento sacar partido y a las malas las intento controlar, pero lo importante es que estoy aprendiendo a aceptarme como soy. Me pongo muchas limitaciones y a veces me cabreo conmigo misma, pero creo que a pesar de todo estoy creciendo como persona y, aunque me cueste reconocerlo, cumplir años me está dando arrugas pero también me está ayudando a madurar. Estos meses habrán sido un mal capítulo pero desde luego que no serán el fin de la historia. Porque aquí estoy…

Daca a simple vista. O sobre cómo encontrar aquí la zona de confort

Periodo de transición. Proceso de adaptación. Esos son los 2 conceptos que podrían definir nuestra situación actual. Cambio de lugar de residencia, de trabajo y de cole: de Namibia a Bangladesh. Cualquiera que sepa un poquito sobre estos 2 países se dará cuenta de que el salto en esta dirección parece ser un tanto “heavy”. Y… bueno…, sí… lo es. No voy a negarlo. Digamos que entre un lugar y otro no hay apenas algún elemento común y que la única parte de la ecuación que permanece invariable somos nosotros mismos. Así que desde el principio sabemos que la adaptación va a ser dura y que el proceso va a requerir de mucho esfuerzo por nuestra parte.

Partimos de la premisa de que desde el momento en el que decides llevar a cabo un cambio en tu vida (como se dice últimamente, salir de tu zona de confort) e iniciar una nueva etapa, te ves abocado a pasar por este periodo y por este proceso. Es algo inevitable que afrontamos con optimismo puesto que somos conscientes de que, superada la etapa, habrá valido la pena. Porque siempre siempre siempre vale la pena, incluso cuando la experiencia no es después tan positiva como se esperaba. Además, en nuestro caso es algo deseado y buscado, muy distinto de aquellos que se ven “obligados” a ese cambio. Mi respeto y admiración por ellos.

Llevamos 2 semanas aquí y si no me he sentado hasta ahora a escribir algo no ha sido sólo porque hayamos estado liados haciendo gestiones, sino porque no quería transmitir negatividad y estaba esperando a que todas mis emociones se asentaran. En esta ciudad te dan ganas de llorar todo el tiempo por muchos motivos, pero como del llanto a la risa hay un paso, estaba esperando a que me diera por reír. Y mira, la risa va llegando, y ahora se mezcla con el llanto. Pura vida.

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Daca es una ciudad que alberga a 16 millones de personas. Su crecimiento se ha producido de manera salvaje desde que el país logró su independencia de Pakistán en 1971. No ha habido ningún tipo de ordenación o planificación urbanística y es un absoluto caos, hasta el punto de que es considerada una de las peores ciudades del mundo en lo que a calidad de vida se refiere (ya lo mencioné en otra entrada). Incluso el área diplomática donde nosotros vamos a vivir no se libra de estas características. Hay edificios de todos los tipos, algunos preciosos de hasta 15 pisos con jardines en los bajos y en la terraza de arriba, al lado de otros medio derruidos con la pintura descascarillada y sin cristales en las ventanas; también hay mansiones amarmoladas, con adornos dorados, columnas y puertas enormes, al lado de chabolas hechas con materiales de desecho.

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En muchas calles hay puestos de comida caliente, fruta, caramelos, frutos secos o maíz dulce, cestos con gallinas vivas, mesas con ropa de segunda mano, pulseras y bolsos, pañuelos, también vendedores de te, zapateros, peluqueros y gente que no se sabe muy bien a qué se dedican pero que se sientan en grupos y charlan airadamente. Son hombres casi todos los que trabajan en estos puntos de venta y aquellos que se sientan de cuclillas sin hacer nada. Las mujeres pasan andando con discreción o van subidas en los rickshaws o los mototaxis, pero no se las ve a simple vista (al menos en la ciudad, el extrarradio o la zona rural es otra cosa). Las pocas que se ven van vestidas con saris o con conjuntos de 3 piezas (camisa larga hasta debajo de las rodillas, pantalón hasta los tobillos y pañuelo largo en los hombros o en la cabeza). Se ven pocas con la cabeza totalmente cubierta pero algunas sí que se ven, e incluso también te topas con mujeres que cubren casi por completo su rostro, dejando sólo ver unos ojos con los que pueden expresarlo todo. Los hombres también llevan camisas largas abiertas a los lados o camisas en el torso con una especie de tela enrollada por las piernas y que cae hasta los tobillos (dhoti). Algunos llevan gorros de crochet en la cabeza y la barba característica de los musulmanes. Gente, gente, gente por todas partes.

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La mayoría de los vendedores callejeros duermen en la calle, al lado de esos puntos de venta que son su fuente de ingreso, y comparten la calle con los conductores de los rickshaws, que adoptan las posturas más incómodas para lograr la horizontal en un espacio reducido y tan poco plano. Y en medio de todos ellos, los perros, amos y señores de la calle.

Las calles están, también, llenas de escombros y de basura. Aceras altas pero mal adoquinadas, así como las calles de asfalto por donde pasan los coches que están llenas de agujeros. Para más inri, los días que llueve se llena todo de charcos y no me quiero ni imaginar cómo se pondrán en la época de monzón.

Los cables de la luz van de poste a poste por las calles y cualquiera diría que hay un cable por cada persona que habita en una casa o edificio porque de poste a poste se agrupan hasta 30 cables juntos, anudados o cayendo con diferentes ángulos, que a veces son tan pesados que caen sobre las aceras, o a la altura de los viandantes.

Hay algunas avenidas principales con varios carriles en cada sentido y también calles más estrechas donde se puede circular en cualquier sentido, al libre albedrío, y esto es quizá uno de los motivos por los que el tráfico es una locura. Un coche viene por una dirección, otro aparece de frente y tendrán que maniobrar para poder pasar los dos, rodeados de rickshaws, mototaxis de 3 ruedas y gente andando. Como ninguno está dispuesto a ceder, se paraliza el tráfico y empiezan a pitarse y a chillarse por las ventanas de sus vehículos, hasta que poco a poco avanzan y logran pasar a menos de 4 cm de distancia del otro vehículo. Pero esa operación ha generado un atasco monumental que es el pan nuestro de cada día. Si esto se produce en un cruce, las calles atascadas serán más, lo que hace que moverse de un sitio a otro en coche sea absolutamente desesperante.

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Cuando uno llega aquí enseguida nota que hay ruido casi durante las 24 horas del día. Suenan los coches y sus pitidos. Pitan por vicio, sin parar, para anunciar a todos que quieren que se les deje paso. También suenan los aires acondicionados de los edificios y las obras de construcción que se están realizando por toda la ciudad, a pico y pala, con poca maquinaria, sólo hordas de gente haciendo trabajo manual.

Otra cosa que llama la atención son los olores. Huele fuerte y mal. No es sólo la suciedad y la contaminación, sino también el olor a especias y a fritanga y todo tipo de perfumes, en spray o quemados, para disimular los malos olores pero que acaban siendo tan desagradables como los otros.

En resumen, este desorden y este caos por el que uno desearía salir corriendo sólo tiene un causa, que afecta a los sentidos más aún que los olores, los ruidos, el hacinamiento y la suciedad: la pobreza. Esta ciudad está llena de vida, pasan cosas en cada una de sus esquinas, todo es emocionante y todo merecería ser contado, pero si nos duele es porque destila pobreza y desigualdad por todas partes. Toda esta gente que camina por las calles sobrevive con lo minimísimo y no tiene acceso a ninguno de los servicios a los que estamos acostumbrados en nuestro estado del bienestar: educación y sanidad públicas, gratuitas y universales, sistema de pensiones, subsidios por desempleo, apoyos al emprendimiento, medidas a favor de la desigualdad, sistema de protección social, etc. etc. etc. Por alguna razón ocupan el puesto 142 (de un total de 188) en el ranking del Índice de Desarrollo Humano del PNUD del año 2015 Informe PND 2015. Si esta pobreza la mezclas con el capitalismo salvaje con su ley de “sálvese quién pueda”, el resultado es este.

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Si además de observar la vida en la calle abrimos el periódico todos los días y nos paseamos por las páginas de información nacional, descubrimos que hay temas que se repiten como reflejo de la situación económica y social del país en estos momentos: el terrorismo islámico y contraterrorismo liderado por EEUU; la industria textil y sus dificultades para mantener sus ritmos de producción (poca mención a las condiciones de trabajo de los empleados y empleadas); los abusos y violaciones contra mujeres como resultado de una sociedad vergonzosamente desigual; las muertes que se producen por rayos (hasta 60 en el último mes!); los conflictos en los campos de refugiados de población rohingya (de Myanmar) establecidos desde hace décadas en el sur de Bangladesh; las relaciones diplomáticas con India (buenos amigos) y Pakistán (acusación de continua injerencia); las ejecuciones de presos políticos- aquellos que apoyaron a Pakistán durante la guerra de independencia-; las manifestaciones, huelgas y protestas (lo que llaman “hartal”)… y para suavizar el ambiente, la vida y milagros de las estrellas de Bollywood y de Hollywood.

Y, aunque parezca imposible, muchos extranjeros han creado aquí su zona de confort. ¿Podremos nosotros?

Una cuestión de actitud

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Desde hace unos meses Tomás y yo sentíamos que estábamos listos para un cambio. Namibia nos pareció el paraíso cuando llegamos porque la vida con niños en Windhoek es muy cómoda y porque viajar por la zona ha sido un regalo para los sentidos, pero es curioso como puede haber cosas que en un momento dado te gusten y luego, pasado el tiempo, llegues a odiar. Y estábamos llegando a ese punto. España no era en ningún caso una opción, por el momento, no porque no queramos volver a la madre patria, sino porque por ahora estamos muy bien fuera y sabemos que si volvemos ahora, ya sí que no nos van a sacar ni a patadas. Ya vamos teniendo una edad… Así que Tomás empezó a presentarse a distintos puestos de trabajo que salían y le interesaban y así es como en los últimos meses surgieron varias posibilidades.

Hay quien me pregunta por qué no he sido yo la que buscaba trabajo en esta ocasión y la respuesta es compleja: tiene mucho que ver con la vocación de Tomás, con su dedicación y determinación, con su capacidad de trabajo y ambición profesional. Yo sigo ocupada, haciendo de todo (menos prostituirme ;-)), pero de una forma o de otra, he dejado de lado mi carrera profesional y he priorizado estar con los niños, cosa de la que no me arrepiento, aunque a veces pesa; no tengo ni de lejos la vocación ni determinación que tiene Tomás, circunstancia que de haberse producido, nos habría complicado la vida enormemente y habría supuesto quizá una ruptura; esta falta de vocación la compenso con mi capacidad de adaptación a lo que me echen y con mi habilidad para hacer lo que surja. Y no lo digo por tirarme flores, pero sí para que veáis las cosas como son: en un equipo tiene que haber todo tipo de jugadores, no podemos ser todos delanteros. Bueno, además, también hay que considerar que yo quizá sí que vuelva a trabajar, pero en ningún caso mi salario podría ya equipararse al de Tomás y, teniendo en cuenta mi perfil “oenegero”, me da que no daría para que toda la familia viviéramos de mi sueldo en las condiciones en las que estamos viviendo ahora, con un sueldo de Naciones Unidas. En España la cosa cambiará y habrá que reinventarse de nuevo.

Pero bueno, explicaciones aparte, el caso es que Tomás presentó su CV a un puesto en Bangladesh y yo le dije que por probar estaba bien pero que yo no me iba allí a vivir ni de coña. Estábamos al mismo tiempo pendientes de Filipinas, Ginebra y Perú, siendo cualquiera de estos 3 sitios, sinceramente, más apetecibles. Pero después de recibir la carta de admisión tuvimos un poco más de una semana para tomar una decisión y, bueno, pues viendo pros y contras, descubrimos que de hecho Bangladesh estaba muy bien… así que, para allá vamos!!!

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Comparto con vosotros nuestra lista de cosas positivas y negativas de mudarnos a Bangladesh por una temporada, por si acaso en algún momento os surge el mismo dilema. Espero que, de ser así, esta reflexión os ayude ;-), y si no, bueno, pues aplicadla para cualquier cosa y, sea lo que sea… quizá acabéis en Bangladesh!!! (je, je):

Positivas:

  • Dejamos Namibia en breve, que, como ya he dicho, empezaba a cansarnos a los 2.
  • Los billetes a Bangladesh desde España son más baratos que los billetes a Namibia desde España, por lo que esperamos más visitas de familia y amigos y nosotros esperamos ir más a menudo a España.
  • Siempre es bueno mudarse, es como renovarse, en muchos sentidos. Uno de ellos es que haces limpieza de cosas que guardas y que son en realidad inútiles. Otra, por supuesto, es que renuevas ilusiones, y eso sí que es importante. Renovar amistades también tiene su punto, aunque nos va a dar muchísima tristeza despedirnos de muchas personas aquí que han sido nuestra familia en este tiempo.
  • Vamos a tener contacto con una región del mundo que es prácticamente desconocida para nosotros y que debe de tener sus peculiaridades. Venir a Namibia ha sido todo un aprendizaje. Uno no se vuelve experto de un país, ni siquiera de una región, después de 5 años, pero sí que podremos hablar de esta zona del mundo con cierto conocimiento de causa. Ahora estamos entusiasmados con la idea de conocer Asia, de viajar a Nepal, Bhutan (si logramos invitación), Vietnam, Malasia, Tailandia, China… El mundo es ancho y ajeno, que decía un escritor peruano (Ciro Alegría), pero podemos hacerlo nuestro.
  • La educación pública es prácticamente inexistente en Bangladesh, pero los colegios privados internacionales tienen fama de ser, en esta región del mundo, especialmente buenos. La educación en Namibia, por el contrario, aunque ha estado bien para estos años, tiene unos estándares bastante bajos, según estudios que se publican, no sólo según mi impresión, así que nos vendrá bien conocer otro tipo de metodologías que parecen ser buenas.
  • La comunidad internacional es especialmente acogedora en Dhaka, cosa que estamos notando sólo con los primeros contactos por mail y teléfono que hemos establecido (parece como si hubiéramos logrado conexión con Marte, ¿no? ji ji!!). Tomás ha tenido también muy buen feeling con el que será su jefe y resto de equipo de trabajo. Quizá esto se debe a que, ante el caos, no te queda más remedio que crear una burbuja para protegerte. En Namibia el ambiente no ha sido fácil es un país difícil para hacer relaciones. No voy a analizar por qué, aunque, por supuesto, tengo mis teorías que compartiré con gusto en una conversación informal tomando una cerveza.
  • Bangladesh es todo un reto y nos apetece enfrentarnos a él. Es fácil perder el norte cuando uno se relaciona con personas que trabajan en organismos internacionales, en embajadas, en ONGs y en el sector privado fuera de España y creer que lo importante es buscar un sitio donde se viva bien. Tomás y yo vivimos con intensidad nuestra vocación que es la lucha contra la desigualdad y el trabajo por el desarrollo de los pueblos y la justicia social. Por supuesto que tenemos nuestras debilidades y nuestras necesidades de vivir bien, pero lo que nos motivó en su momento a marcharnos de España no fue hacer dinero y mejorar nuestro estatus, sino conocer de primera mano las causas de la pobreza y contribuir a reducirlas con nuestro grano de arena. No somos tan valientes como para irnos a lugares que sí que son realmente duros por cuestiones de seguridad, pero sí que podemos ir a sitios donde el trabajo por hacer es inmenso y las condiciones de vida, si bien difíciles, no van a ser muy duras para nosotros. En Dhaka nosotros vamos a vivir muy bien, pero también nos va a permitir estar en un lugar del mundo donde muchos millones de personas carecen de los mínimos servicios para vivir y no tienen acceso a los derechos más básicos, y es por ellos por los que queremos trabajar.
  • Yo tengo más probabilidad de encontrar un trabajo interesante en Dhaka que lo que he tenido en Windhoek y los niños ya van teniendo una edad en la que, quizá, requieran menos atención. Esto es una hipótesis aún.

Negativas:

  • Es una país caótico, sucio, en el que huele mal y hay mucha gente. Según el Mercer´s Quality of Living Ranking, Dhaka (Dacca en español) es la ciudad con peor calidad de vida en Asia y está entre las 20 peores de todo el mundo Artículo El País

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Ya está.

Pon a una adolescente en tu vida

Durante 3 meses vamos a ser uno más en casa. Mi sobrina Sofía (14 años) ha venido para perfeccionar su inglés y está asistiendo al cole de los niños (Grade 8, que es el primer curso de secundaria). Para nosotros ha sido fácil desde el primer día. Para ella la primera semana fue un pelín difícil porque empezaba en el tercer y último trimestre del curso escolar con chavales que llevan juntos 8 meses; además, llegamos unos días más tarde y, encima, es extranjera. Me decía los primeros días que estaba nerviosa, que sentía todo el tiempo que la gente le miraba, y yo pensaba, “que bien lo llevas, maja, yo estaría muriéndome de vergüenza”.

El mismo día que llegamos de España nos acercamos al cole para que nos dejaran un uniforme de segunda mano y, según estábamos llegando a la oficina 3 niñas se acercaron y le preguntaron el nombre, y cuando les dijo- muy tímida, con voz melosina y con una sonrisa nerviosa- que se llamaba Sofía, las otras le dijeron: ¡¡¡lo sabíamos, te estábamos esperando!!! Y minutos después ya estaban intercambiándose números de teléfono.

Al día siguiente empezó y, efectivamente, se ha convertido en la novedad de High School. Todo el mundo conoce a la chica española, no sólo porque sea guapa y llame la atención (no es amor de tía, la chiquilla lo es), sino porque es un encanto, muy sociable y muy natural.

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El primer fin de semana ya le invitó una amiga a dar juntas un paseo por el centro comercial, pero el resto del tiempo de ese finde estuvo con nosotros y con amigos nuestros. El segundo fin de semana nos fuimos a una granja con un grupo de amigos y, muy educadita, al volver a casa me preguntó: “¿vosotros no tenéis amigos con hijos de mi edad?” A lo que respondí tras una breve reflexión: “uff, pues es verdad, no, no tenemos”. Así que me di cuenta de que los fines de semana iban a ser un tostón para ella si sólo hacíamos planes de niños pequeños. Pero no tuve que hacer ningún plan alternativo porque el miércoles de esa semana de después me mostró cómo no era necesario que yo interviniera. Me preguntó si podía venirse a dormir una amiga a casa, a lo que yo respondí que por supuesto y que, si sentía que iban a estar incómodas durmiendo en la misma cama (su cama es de matrimonio), podían coger uno de los colchones de camping que se pliegan, y me contestó: “ah, pues sí nos vendrá bien, porque a lo mejor viene más de una amiga”. Ahá… efectivamente Sofía sabe buscarse la vida.

Así que, bueno, vinieron 2 amigas, con un pavo las 3 que pa´qué. En bañador desde que casi entraron en la casa, encerradas en su habitación la mayor parte del tiempo, pero muy educadas con nosotros cuando teníamos que compartir espacio. Mis hijos estaban un pelín cohibidos al principio, especialmente Guille con tanta mujerona, pero luego enseguida se relajaron y acabaron, sobre todo las niñas, yendo a la habitación para observarlas y dejar que les hicieran peinados.

Ese sábado todos lo pasamos en el cole porque había un evento familiar, y por la noche Sofía se quedó a dormir en casa de una de esas 2 amigas y no le vimos el pelo hasta el día siguiente por la tarde- noche cuando volvió a casa a dormir. De entre todas las cosas que podría decir de cómo me sentí yo durante todo el fin de semana sólo puedo destacar una: alucinada, sorprendida, encantada con su capacidad para relacionarse con gente nueva y de adaptarse a una nueva situación.

Sobra decir que durante estas semanas han sido muchas las conversaciones que hemos tenido, diferentes a las conversaciones que suelo tener con mis hijos por razones obvias. Es como si estuviera descubriendo de nuevo Namibia y el colegio con el que hemos estado relacionándonos 3 años ya. Además, me está ayudando a ver qué significa ser adolescente hoy en día y prepararme para lo que vendrá. Ya me he puesto al día en la música que escuchan los jóvenes (o la gente más joven que yo ;-), quiero decir) en la actualidad, así que, ¿qué más puedo pedir?

Sirva esto de introducción para lo que en realidad quería contar: este viernes le han invitado a Sofía a ir a una fiesta. El chico que le ha invitado es de Grade 10, lo que significa que ronda los 16 ó 17 años. Yo no sé si yo estaba preparada para esto, la verdad. Hasta hace sólo 3 semanas sólo me preocupaba por cuestiones infantiles y de la noche a la mañana me veo decidiendo lo que es mejor para una adolescente. Los sobrinos crecen cuando estamos lejos. El resto, por suerte, seguimos igual 😉 (y van 2). Ya no es la niñita dulce a la que tuve que llevar en brazos para pintar cerámica porque las piernas le estaban creciendo y le dolían. Ahora es una señorona y con su edad yo tuve mi primer novio, de 18 años!!! así que la historia podría repetirse… y me da terror!!! Se lo digo a mi hermana y, tan pichi, me suelta: bueno, déjala que vaya a la fiesta y que “se eche su primer novio en Namibia”. Pero yo no conozco a nadie de los que van y me da un poco de cosilla. Al fin y al cabo ella es ahora mi responsabilidad. Pero bueno, me digo a mi misma, si ella quiere ir, que vaya. Ya le he preguntado si podría ir yo de acompañante, pero no ha colado (con los joven que soy,… y van 3 😉 Le he dicho que le voy a pintar una camiseta en la que ponga que no ha venido a Namibia a echarse novio, para que le quede claro a todos sus pretendientes. Y, aunque lo digo en broma, creo que se la voy a hacer, a ver si cuela y se la pone un día aunque sea sólo por hacer la gracia. ¿Por qué será que me he vuelto tan protectora? No me gusta ser así. Creo que ella es una persona bastante madura y que sabrá tomar decisiones correctas, como yo las tomé en su momento. Pero, jo, cómo cuesta dejarles libres.

Para más inri, viene del cole y me cuenta que una amiga le ha dejado una camiseta see- through (transparente) y que no sabe si tiene que ponerse algo debajo. “Por mis cohones (sorry!) que te pones algo debajo o la cambias por un jerseicito de cuello vuelto que te voy a buscar en mi armario de mujer madura (aunque no tanto) !!!”.

Así, que, lo dicho, está siendo toda una experiencia. Nos va a dar pena cuando este bombón tenga que volver a España. A ver si se echa novio y decide quedarse 😉

You are not even from here

Hoy he tenido un incidente en el cole de los niños que me ha hecho reflexionar. Temprano por la mañana he aparcado en batería en una zona preparada para que los niños se bajen del coche y vayan andando a sus aulas. Es como un MacAuto, pero en lugar de recoger las hamburguesas, las dejas 😉 Unas hamburguesitas uniformadas preciosas, sobre todo las mías, que aunque despeinadas, nos han quedado niqueladas. Todos los padres y madres vamos a esas horas acelerados así que hay que tener mil ojos con los movimientos que haces con el coche porque estamos todos haciendo exactamente lo mismo. Bueno, pues hoy, justo cuando empezaba a dar marcha atrás para salir del aparcamiento, el coche de mi izquierda ha empezado a dar marcha atrás al mismo tiempo, con tan mala suerte de que yo he girado un poco para sacar el culo del coche y ponerme en posición de salida y nos hemos dado un pequeño golpe. Hasta ahí todo normal. Son cosas que pasan. Mala suerte. Nadie es responsable, ha sido la coincidencia y el hecho de que ninguna de las 2 nos hemos dado cuenta de que estábamos saliendo al mismo tiempo. Bueno, pues me bajo del coche para ver el arañazo y lo primero que le digo a la otra conductora es “lo siento”, sin que eso signifique que reconozca mi “culpabilidad”, sólo por educación. La señora, me imagino que también como resultado de su educación, pone cara de circunstancia y empieza a preguntarme y decirme las siguientes linduras: que si tengo seguro, que si su coche es nuevo, que si no ha sido su culpa porque ella no ha salido de su linea de aparcamiento, que si tenemos que llamar a la policía,… todo con muy mal tono. Bueno, le digo yo, dame tus datos de contacto y ya prepararemos la denuncia, cuando estemos las 2 más relajadas. Así que me da sus datos: nombre, apellido y número de teléfono, y yo más que satisfecha, así que empiezo a darle los míos: nombre y número de teléfono. Me pide el apellido: “ah, sí, perdona”- le digo y se lo doy. Me pide la dirección de mi casa y, aunque en el fondo pienso “¿para qué coño-sorry for that- quiere saber dónde vivo?” (y recuerdo que, como le dijeron a Sofía el primer día del cole, aquí todo el mundo reconoce que son muy judgemental, vamos que te juzgan en función del físico o la pasta que tienes, cosa que se puede deducir por el barrio en el que vives), yo se la doy. Digo yo que no vendrá a tirar huevos al muro de mi casa, ¿no? Y, por último, me pide el número de matrícula del vehículo, y se baja para mirarlo ella misma, y según ve que la matrícula no es como las suyas (es blanca en lugar de amarilla por ser de Naciones Unidas), me suelta: “So you are not even from here!” (Así que ni siquiera eres de aquí). Y eso sí que me deja helada.

“You are not even from here!”. No puedo dejar de pensar en esta frase. “Me alegro de que me hagas ese comentario”.- le tenía que haber dicho- “Precisamente en el lugar de donde soy hay un debate acerca del sentimiento de pertenencia a un país a raíz de las declaraciones de un famoso director de cine al que le han dado un premio nacional”. “Yo no sé de donde soy, mi casa está en la frontera”- diría Jorge Drexler y creo que me siento bastante identificada. Pero, ¿es oportuno hacer esa reflexión con esa mujer que se ve que tiene muy claro su sentido de pertenencia a Namibia y,por supuesto, mi no pertenencia a su grupo? ¿Tan importante es de dónde seamos? ¿Eso mismo se lo van a decir sus hijos a los míos cuando jueguen en el cole? ¿Es eso lo que nos separa? Pues, sinceramente, a la mierda las nacionalidades. Ya bastante nos prejuzgamos por otros motivos: religión, sexo, vestimenta, nivel económico, color de piel… ya está bien, ¿no? Vamos a darnos, siempre, como punto de partida, una oportunidad.

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Yo quizá sí que me siento española porque efectivamente muchos de mis valores y costumbres los he mamado en España, consciente o inconscientemente, pero también me siento de todos y cada uno de los sitios en los que he vivido, e incluso de sitios que he visitado y cuyas visiones de la vida o hábitos me han interesado. Además, incluso siendo hija y nieta de españoles, ¿quién me asegura a mí que mis antepasados no fueran del norte de África, musulmanes, o del norte de Europa, bárbaros o anglosajones? Todo lo que somos es resultado de una mezcla que se ha ido produciendo a lo largo de los siglos. Podría, si me pusiera a investigar, llegar a ser más africana que la señora que me dijo “You are not even from here”. Basta ya, ¿no? Basta ya de buscar diferencias por tu lugar de origen. Pensemos, más bien, que hasta mi vecino namibio, negro tizón, owambo, podría también ser mi primo. Y lo digo siendo plenamente consciente de las diferencias culturales que sufro y vivo a diario, pero creo que esa es la clave para la convivencia. Pues eso.