Tercera carta desde India o sobre necesidades, injusticias, potencialidades y éxitos

Una fotografía bonita, un comentario sobre el autor y una cuestión que se ha convertido casi en una obsesión para mi desde que vivo en Delhi. Me cuenta una amiga que el fotógrafo aprendió el oficio en uno de esos cursos que imparten las ONGDs para personas sin hogar y que gracias a eso tenemos acceso a unas fotografías maravillosas de un verdadero artista. Cuando se quedó huérfano, fue a parar a un centro de acogida de alguna ciudad de India, pero no se adaptó a la rigidez y la disciplina que allí le imponían y se escapó y estuvo viviendo en la calle durante una temporada hasta que decidió volver al centro donde pudo asistir a un curso de fotografía que le cambió la vida. Parece el argumento de una película melosa, de estas que tienen final feliz y que nos ayudan a pensar que la vida no es tan dura, pero es la pura realidad, una razón más por la que creer y apoyar a las organizaciones sociales y a aquellas que hacen cooperación para el desarrollo. No es por caridad, es por justicia que la acción social y la cooperación para el desarrollo deben de ser una prioridad, también presupuestaria, de nuestros gobiernos. Todo el mundo se merece una oportunidad (si no mil!!!). La ayuda sí llega, sí es necesaria y sí es efectiva.

thumbnail_img_20170110_083106

Pero bueno, no quería hacer un alegato a favor a la cooperación al desarrollo, es sólo que estoy cansada de escuchar comentarios críticos del trabajo de las ONGDs y de leer que nuestros gobiernos siguen dando cantidades irrisorias a la cooperación al desarrollo como resultado de un cuestionamiento de la labor que estas realizan y de vez en cuando necesito desahogarme. Ver Coop. Desarrollo Comunidad de Madrid

 

En cualquier caso, lo que me interesa ahora mismo es un detalle de esa conversación: durante el tiempo que el artista estuvo viviendo en la calle su principal preocupación durante el día era ganar el dinero suficiente como para por la noche poder alquilar una manta para dormir. (Por favor, deja de leer un momento y piensa en ello en silencio. Es impactante, ¿no?).

 

Según el India Homeless Resource Network el número de personas sin hogar en India en 2011 era ligeramente superior a los 17 millones de personas Ver IHRN Os doy el dato y no sé lo que os inspirará: suena a mucha gente, pero es que aquí son todo números grandes. Podría poneros ese dato en términos relativos, comparando el porcentaje respecto a la población total con porcentajes de personas sin hogar en otros lugares del mundo, pero en realidad no quiero que os fijéis sólo en el dato (son muchos, sí) pero ¿es el número lo que nos aterra? Creo que a mi me aterran más las imágenes que veo cada día y las historias que me cuentan.

thumbnail_img_20170125_153953

Debajo de los puentes, en las aceras de cualquier calle, en los jardines y las intersecciones de las calles, justo enfrente del colegio de los niños… por todas partes hay gente que vive en la calle. La gente que es de aquí o extranjeros que llevan mucho tiempo viviendo aquí nos dicen que ya nos acostumbraremos, pero ¿cómo puede uno acostumbrarse a esto? Estoy hablando de gente que duerme entre el ruido de la calle y que, por la mañana temprano, cuando pasamos con el coche camino del cole, sacan la cabeza de su manta y miran a su alrededor como para adivinar si ya es buena hora para levantarse; niños que se quitan la chaqueta mugrienta porque a mediodía empieza a hacer calor y la colocan sobre un seto, sin haber tenido la ocasión jamás en su vida de colgarla en una percha dentro de un armario; madres que dejan a sus bebes en el suelo mientras terminan de ajustarse el pañuelo que les envuelve la cabeza, bebes con los que dormirán acurrucados debajo de una manta alquilada; familias que se reúnen en torno a un fuego donde están cocinando Dios sabe qué, mientras una señora lava una cacerola metálica dentro de un balde de agua; una niña, con su ropa preciosa de colores pero con todo el polvo del mundo cubriendo su brillo, que juega corriendo de un lado a otro y que en cuanto nota que la estamos mirando, se acerca para pedirnos dinero; grupos sólo de chicas jóvenes con niños; 2 chicos sentados de cuclillas jugando a las cartas; gente que probablemente nunca en toda su vida se ha sentado en un váter, o ha tomado una ducha caliente por la mañana, o se ha sentado en la intimidad a tomarse el yogur que podría sacar de la nevera, o que nunca se ha levantado con la confianza de que por la noche tendrá su cama con sus sábanas limpias y su manta calentita. ¿Qué queréis que os diga? Yo no puedo acostumbrarme a esto.

thumbnail_img_20170215_125949

En España asociamos a las personas sin hogar con gente con adiciones o con trastornos mentales. Aquí se asocia a la casta y a expulsiones de las comunidades. Acabo de terminar un libro que recomiendo fervorosamente que se llama El tigre blanco, de un autor indio llamado Aravind Adiga. Cuando acabé de leerlo estaba tan entusiasmada que me pasé un rato diciendo: qué tío, qué cabrón!! (por el autor), ¿¿¡¡cómo ha podido escribir esta obra de arte!!?? Es duro, pero es tan auténtico y tan esclarecedor que merece la pena aguantar la dureza. Trata sobre hasta qué punto la casta a la que perteneces determina tu calidad de vida en el presente y tus opciones de futuro, y cómo una “salida de tiesto” puede marginarte completamente a ti y a tu familia. Leedlo. No quiero contar más.

 

Y mientras le doy gracias a la vida, que me ha dado tanto, también os invito a que tengáis los ojos y el corazón abiertos y a que no cuestionéis el trabajo de las ONGDs. Se comenten muchos errores, pero también se hace una labor de atención directa a personas víctimas de situaciones injustas y un trabajo de denuncia social que ningún gobierno podría asumir. No es caridad, es justicia. Si no colaboráis con ninguna, hacedlo, y si no sabéis con cual, decidme y yo os cuento. ¿Qué mandona estoy, no? Es la maternidad, que me está trastornando ¡¡Hasta la próxima!!

Segunda carta desde India o sobre dónde encontrar productos para mantener a tono el ñam

Hay una frase tonta que a mí me hace mucha gracia que dice algo así como que la vida es el equilibrio entre el Gym y el Ñam. Ji ji, es una chorrada de las grandes, pero es de esas cosas que uno le cuenta un día a los hijos, y a ellos les hace también gracia y entonces deciden llamar así a 2 perros callejeros que siempre deambulan por la puerta de nuestro edificio. Así nos reímos siempre que les vemos. Buff, hay que buscar motivos para reírse, especialmente en estos días, porque ciertamente no estamos pasando un buen momento a nivel mundial. Es descorazonador leer las noticias y aquí tampoco ayuda mucho salir a la calle y ver cómo vive la gente. Así que el seguimiento de lo que sucede en el mundo, que es obligatorio hacer por razones éticas, hay que combinarlo con grandes dosis de humor.

gym-y-nam

Yo hoy voy a contaros que he entrado por primera vez a comprar en el INA Market de Delhi. Desde que llegué no he parado de moverme por la ciudad para llegar a conocer, primero, qué tipo de cosas se pueden encontrar, segundo, a qué precio, y tercero, dónde. Es una cuestión de pura supervivencia y búsqueda de independencia. Bueno, pues a uno de los primeros sitios a los que me llevaron fue el INA Market, que está relativamente cerca de casa, y donde al parecer se puede comprar de todo. Pero cuando llegué allí y vi el mogollón de gente, las moscas alrededor de una moto que no sé qué llevaba atrás y los pasillos estrechos que van a dar a un punto en el infinito donde bien podría estar el averno, me impresionó tanto que no me atreví a bajarme del coche. “Mejor vayamos al Mall- pensé– o a Defense Colony, donde están todas las tiendas de productos importados. Me da igual pagar más”. Y no es porque una no esté acostumbrada a este tipo de sitios: en Namibia nos gustaba ir a comprar kapana (carne) en el Single Quarters de Katutura porque la hacían riquísima y tendríais que ver también las moscas que se congregan allí; y en Chokwe (Mozambique) también comprábamos en el mercado local básicamente porque no había otro sitio donde ir. Pero en Delhi hay que tener en cuenta que el número de personas por km cuadrado se multiplica por 10, o por 100, o por 1000, y eso no ayuda a que uno se sienta cómodo y a que el lugar se mantenga, digamos, limpio.

Así que durante estas primeras semanas he comprado en otros muchos sitios, cosas para la casa y alimentos para consumo diario, pero seguía sin atreverme a ir al INA Market. Sin embargo, una amiga me dijo que podíamos ir juntas y decidí darle otra oportunidad. Y… ¡¡¡me ha encantado!!! ¡¡¡Qué equivocada estaba!!!

Los puestos de frutas y verduras son sencillamente espectaculares: los colores, la variedad, la limpieza y el orden (sí!!). Para aquellos a los que nos gusta cocinar y probar cosas nuevas, venir a India es un festín. Aquí venden todo lo que uno se puede imaginar, lo que existe y casi hasta lo que no existe. La okra, por ejemplo, es esta especie de judía verde pero con forma alargada hexagonal, deliciosa; tienen distintos tipos de acelgas/ espinacas (una de ellas me recuerda a la “couve” que vendían en Mozambique y que Doña Ana cocinaba tan rico); jengibre y cúrcuma frescos; zanahorias naranjas y rojas, la segundas un poco más dulces que las primeras; fresas, frambuesas, moras…; por supuesto, todo tipo de pimientos picantes, con los que hacen los distintos curris; frutas y verduras que aún desconozco; guisantes con vaina y sin vaina, frescos!!; distintas variedades de setas y también hierbas aromáticas frescas. Además, te venden los cuadraditos de masa de harina con los que se hacen las samosas. Muy práctico.

También hay puestos de productos enlatados. En uno de ellos compré varias cosas: nori para hacer sushi, salsa de soja, salmón fresco congelado y salmón ahumado, tortillas de harina de trigo y tacos de maíz, nutella, pita bread tamaño grande y pequeño,… No tenía efectivo y el hombre de ese puesto me dijo que se le había estropeado el datáfono, así que me pidió que le diera mi dirección y teléfono y mandaría a alguien a cobrar. Qué detalle, ¿no? Me gusta que las relaciones estén basadas en la confianza.

Hay otros puestos de especias y de frutos secos: canela, comino, pimienta, cúrcuma, masala, mostaza en polvo… almendras, piñones, pipas, pistachos (que tienen un precio razonable, acostumbrada al precio prohibitivo de otros países)… También venden harinas de distintos cereales, distintos tipos de arroz y legumbres. De nuevo muchas cosas que desconozco cómo se llaman o cómo saben. Está todo empaquetado en bolsitas de distintos tamaños que luego la gente vacía en unos recipientes en casa.

img_20170203_110529

En este tipo de mercados también hay puestos de cosas no comestibles, como menaje del hogar, aparatos eléctricos, droguería, bisutería, juguetes,… Pero lo que sin duda llama más nuestra atención son los puestos de carne (pollo, cordero y cerdo- recordad que las vacas aquí son sólo para mirar, pero no para tocar, o al menos no tocar con los dientes) y pescado. Creo que las imágenes que voy a poner a continuación hablarán por si solas. Y que conste que aunque parezca primitivo, me parece una manera más que digna de vender y comprar y que a partir de ahora no pienso ir a ningún otro lugar para abastecerme de comida. Si este país puede estar orgulloso de algo- y lo está por muchos motivos- es de su comida. Se come de lujo en todas partes, en restaurantes caros y en puestos callejeros, pero eso da para otra entrada.

Como veis, me decanto claramente por el ñam. Voy a ver si otro día os cuento algo del yoga, que es otro orgullo nacional, para compensar un poco.

Primera carta desde India o sobre cómo explicarle lo que es la pobreza a un niño de 10 años

Antes de llegar a Delhi sabíamos que no iba a ser una ciudad fácil. Hace años Tomás y yo vinimos de viaje a India con un grupo de amigos con la idea de pasar 3 semanas y lo cierto es que nos resultó tan chocante, y en ocasiones tan insoportable, que la última semana nos cogimos un vuelo y “huimos” a Katmandú (Nepal) para disfrutar de otro tipo de paisajes más abiertos, para descubrir otro tipo de ambientes menos sucios, para comer otro tipo de comida menos picante y para hacer otro tipo de turismo menos intenso. ¿¡Quién nos iba a decir a nosotros que pasados unos años íbamos a acabar viniendo aquí a vivir!? ¡¡con nuestros hijos!!

foto-en-rickshaw

No es una ciudad fácil, claro que no, eso es una afirmación objetiva. Peor aún cuando la comparamos con el lugar en el que hemos vivido durante los últimos 5 años, Windhoek (Namibia), que es el paraíso terrenal. Una apuesta de turismo segura y un lugar donde casi todo el mundo se siente feliz cuando vive allí una temporada. Windhoek, cerca de 300.000 habitantes en la actualidad, ambiente de pueblo, manejable, orden y limpieza en sus calles, disponibilidad de una gran variedad de productos para el consumo diario, acceso a una oferta razonable de actividades para los niños, con lugares espectaculares para cenar o para salir a pasar un fin de semana cerca, con una comunidad internacional pequeña, donde se pueden hacer buenos amigos. Un lugar en el que después de tanto tiempo nos sentíamos cómodos, a pesar de que ciertamente estábamos deseando marcharnos (y estos sentimientos son compatibles, por mucho que a algunos os pueda parecer que no).

Delhi, como decía, es objetivamente difícil. Las noticias que cada vez más a menudo llegan a España sobre India dan una idea real de muchas de las cosas a las que uno se enfrenta cuando llega aquí. Malos olores, suciedad, contaminación, multitudes de gente, pobreza, arraigo fuerte a sus costumbres, a su religión y a su cultura, desigualdad social y económica, machismo y menosprecio generalizado hacia las mujeres, estructura de castas, tráfico infernal y caos en las ciudades… Todo esto es cierto. Nadie puede negarlo. A primera vista, es así.

foto-vaca

Como lo sabíamos, hemos tenido que hacer un ejercicio de mentalización previo. Tomás lo ha tenido más fácil porque después de 8 meses en Dhaka uno está ya preparado para todo, así que llegar a Delhi ha sido una mejora cualitativa considerable. Para mí también ha sido relativamente sencillo porque ya sabía lo que me esperaba y, sobre todo, porque era consciente de que todo es cuestión de actitud: nada de lo mencionado anteriormente se puede negar, pero sí depende de uno mismo el verlo con positivismo o no, de ahí que haya gente que no soporta India mientras que hay otros que la adoran. Si este tipo de personas pueden verlo así, yo también puedo (Yes, we can!). Y por ahora me está funcionando. No sé si algún día me caeré del guindo y me hartaré, pero hasta la fecha no me está disgustando la experiencia.

Sin embargo, preparar a los niños no ha sido fácil. No les ha hecho mucha gracia marcharse de España donde estaban felices. Por otro lado, aún siguen recordando Namibia con nostalgia hasta el punto de que si les preguntamos dónde quieren ir ahora mismo de vacaciones Namibia es su primera opción. Llegar a un sitio nuevo, por muy adaptables que sean las criaturas, tiene su aquel. Y, encima, llegar a una ciudad como Delhi, esto ya sí que es el gran reto entre los retos.

Mara y África están en una edad fácil. Mientras estén con sus padres o con su gente más cercana, ellas están felices. Rápido están haciendo amigos y el “ruido” exterior apenas les molesta. Hacen comentarios de lo que ven, pero eso no les limita en absoluto para estar alegres. Mientras tengan ratos para bailar, cantar, disfrazarse, pintar, ver videos, etc. les da igual estar aquí o en Tombuctú.

Guille… ay, Guille! Qué difícil se le está haciendo. Con sus 10 años se da cuenta de muchas cosas; se le hace más difícil hacer amigos (y eso que es bastante sociable); echa más de menos los espacios y a las personas conocidas; la adaptación a los cambios de metodologías de enseñanza/ aprendizaje le resulta más complicada; y, lo peor de todo, es más sensible a la realidad que nos rodea. Desde el primer viaje que hicimos en coche del aeropuerto hasta nuestra nueva casa viene diciendo que él no quiere vivir aquí. “No me gusta la ciudad– dice- está todo viejo, sucio, roto… hay mucha pobreza y no me gusta la pobreza”. Y es que jamás en su vida había estado expuesto a una realidad tan dura. Lógico que le cueste. En Namibia vivíamos en una burbuja. Sólo de lejos veíamos los townships y apenas te topabas con situaciones dramáticas. Pero aquí está por todas partes. Así que sus preguntas son de lo más comprometedoras:

  • ¿Por qué hay niños que no levantan 5 palmos del suelo acompañados de niños que levantan 7 palmos del suelo y todos ellos sucios, descalzos, con la ropa raída pidiendo dinero por la calle?
  • Mami, me resulta violento que esta señora pegue su cara en el cristal del coche con su niño esquelético y como drogado para que le de algo, ¿qué hago?
  • ¿Cómo es posible que haya tanta gente con alguna minusvalía por la calle? Gente sin brazos y sin piernas arrastrándose por el suelo, muchos cojos, algunos con sus extremidades cortas en total desproporción con el resto del cuerpo, bizcos, ciegos, niños hiperflexibles que hacen piruetas delante de los coches para pedir algo de limosna…
  • ¿Qué hacen tantos colchones, mantas, camisetas, toallas, ropa interior, etc… colgada en las ramas de los árboles, las vallas que separan las 2 direcciones en una vía ancha, los cables de la luz…? ¿Todas esas cosas son de gente que vive y duerme en la calle? ¿No tienen casas?
  • Mamá, mira a ese niño: ha puesto 2 ladrillos uno al lado del otro y se ha agachado. ¡Está haciendo pis!, ¡No, está haciendo caca! ¿Es que no tiene un baño donde poder hacerlo?
  • ¿De dónde sale tanta basura? ¿Por qué están las calles tan rotas? Algunos edificios parece que van a caerse y muchos están como a medio construir. ¿Hay gente que vive en esas casas tan viejas?
  • ¡¡Hay animales por todas partes!! A ver, ¿cuántos hemos visto desde que hemos llegado? Perros, gatos, vacas, cerdos, monos… Un día mamá vio un elefante y 2 camellos en plena carretera!!

caballo

  • Yo no quiero que me corten el pelo en la calle. He visto a un señor que tenía una banqueta y unas tijeras colgadas de la pared de la calle y un señor se ha sentado allí para que le cortara el pelo, o para que le afeitara, no sé.
  • ¿Y a los árboles por qué no les limpian el polvo? Ni siquiera se ve el verde de las hojas. ¿Están así todo el año?
  • Y, este olor, ¿por qué huele tan mal por todas partes? ¿por qué huele la gente tan mal?

Así una y otra pregunta. Luego se dará cuenta que en su colegio, sin embargo, los niños viven en mansiones y sus papás tienen más de 10 coches en su garaje. Y por un lado uno se alegra de que esté viviendo esto porque es la realidad y va teniendo edad para conocerla- y en España también existe pero nos es, como en Namibia, casi inaccesible- pero por otro lado me pregunto cuál será su reacción en un futuro. Quizá genere tal rechazo que no desee volver oír de pobreza en su vida. Si así fuera, de alguna manera habríamos fracasado como padres, porque para nosotros es importante conocer, cuestionarse, sentir y vivir, como base para luego poder actuar en consecuencia, para hacer que este tema sea una preocupación y una prioridad en la vida. Porque esta es la clave: ser feliz, cantar, bailar, disfrazarse, jugar con la Tablet… pero dedicarse también a intentar responder a esas preguntas y, sobre todo, contribuir en la medida de nuestras posibilidades para que estas situaciones no sigan produciéndose. ¿Creéis que es mucho pedir?

Esto lo pido para un futuro, pero para el presente me conformo con que aprenda a ser feliz aquí, y a descubrir la belleza que está detrás de este empacho para los sentidos. Porque belleza hay, seguro que la hay.

Seré sensible, floja, hasta puede que exagerada… pero aquí estoy!

Ayer mi sobrina Inés cumplió 18 años (empecé a escribir este texto el día 16 de dic, no el día que lo publico). Además, Tomás me escribió a primerísima hora de la mañana (no es una exageración mía el uso de este superlativo: 5 horas más en Dhaka hacen que su primera hora de la mañana para mí sea primerísima) para decirme que esa misma tarde iba a tener la 2-meses-esperada Visa para dejar Bangladesh y marcharse a India a trabajar, donde por fin sí que vamos a poder trasladarnos los niños y yo. Buff… ¡¡qué subidón!!! Ambas cosas, el cumple y la visa, pueden parecer carentes de emoción para cualquier persona pero para mí supusieron una inyección de alegría que me duró todo el día y que espero que sean el principio de una nueva y buena etapa, así, sin superlativos.

Inés fue la primera sobrina que tuve. Es la hija mayor de mi hermana mayor. Nos enteramos de que estaban embarazados nada más venir de enterrar a mi abuelo, que era una persona adorable y cuya pérdida supuso una gran tristeza para toda la familia. Esta noticia alivió nuestra pena al asumir que la muerte es sólo una etapa de la vida y no hay una sin la otra. Además, volviendo al tema Inés, supe que era niña estando en Honduras, durante esos 2 primeros meses que pasé en la aldea de Suyapa, en Tegucigalpa, antes de decidir hacer mío ese país por un tiempo más largo. Recuerdo perfectamente la llamada de mis padres a la salita donde estaba el teléfono fijo en casa de las monjas, donde nos alojábamos, y recuerdo también cómo celebré la noticia como si en ello me fuera la vida. Ya ves qué tontería…

ines

Inesita y yo en algún evento familiar hace un montón de tiempo.

Cuando nació pensé que era la persona más linda del mundo. ¡¡Y lo era!! Ahí en su cunita de hospital, con su bracito colocado a lo flamenca… Nunca habría imaginado que la existencia de una sobrina pudiera llenarme de tanta felicidad, pero así fue. No sabría compararlo con el sentimiento que tuve cuando nació mi primer hijo, es imposible comparar emociones, pero lo cierto es que tener una sobrina en aquel momento fue muy especial para mí. Cuando unos meses después de nacer me marché de nuevo a Honduras, Inés fue, junto con Tomás, la persona a la que más eché de menos. Además de a mis padres y hermanos, claro. Es curioso, ¿no?

Bueno, pues ayer esa niña preciosa que era mi adorada sobrina cumplió 18 añazos. Y eso me hizo recordar esa felicidad, quizá excesiva, sentida hace tiempo. Por supuesto que durante estos 18 años he tenido un millón de momentos de felicidad. De hecho ahora que miro para atrás me doy cuenta de hasta qué punto han sido mis años dorados, con muchos elementos que me han hecho sentirme feliz y estable sin apenas esfuerzo. Por supuesto el nacimiento de mis hijos y el de mis sobrinos, pero también otros motivos y de distinta naturaleza. Pero la mayoría de edad de Inés me trajo a la memoria este recuerdo en concreto que, como os decía antes, coincidió con la noticia de la Visa de Tomás.

img-20161209-wa0006_resized

Todos los nietos de mis padres. En esta foto faltaría Eizan, que es nuestro sobrino por parte de Tomás. 

¿Por qué han sido este recuerdo del pasado y este hecho del presente tan importantes para mí? Pues porque llevo una época muy mala, muy floja, muy tonta. Una época en la que ya desde hace unos meses parece que todo se me complica, en la que se me han torcido muchos planes, me he llevado muchas decepciones y se me han venido abajo creencias y certezas que consideraba vitales, haciéndome cuestionarme muchas cosas de mi misma y del mundo en general. No sé si es crisis de los 40 o qué; no sé si, como dice mi padre, estoy empeñada en autocompadecerme o qué; no sé si está fundamentado o no; sé que me podrían haber pasado cosas más graves y que lo peor es la muerte, sí, lo sé, pero lo cierto es que tan curioso, absurdo y exagerado es un motivo de alegría, como curioso, absurdo y exagerado es una situación que te genera tristeza. Sólo son sentimientos que están ahí, por los motivos que sean y sobre los que creo que es bueno hablar con naturalidad.

Yo soy una llorona nata. Lloro absolutamente por todo. Hoy mismo he llorado al escuchar a un chico de un coro de Madagascar que ciego, con una enfermedad que le hace mover las manos sin descanso y apenas articular palabras, canta como los ángeles. Ha interpretado, en honor a su público español, la canción de Soy minero de Antonio Molina, que es una canción que a mí ni me gusta pero ¡¡¡qué cosa tan bonita!!! ¡¡qué emocionante!! Bueno, pues yo como una magdalena…

Estos 8 meses en España no estaban en mis planes y me ha costado encajarlos. Echo mucho de menos a Tomás, estoy sobrecargada con los niños, he tenido algunos desencuentros con personas queridas, no termino de encontrarme en “mi sitio” porque mi sitio ha sido Namibia durante los últimos 5 años y todo se me ha hecho cuesta arriba. Lo único que me ha salvado ha sido que los niños y yo hemos disfrutado como enanos de la compañía de la familia, de la mía propia y de la de Tomás. Ha sido un lujo tenerles cerca, contar con ellos y sentir su apoyo y cariño. He estado muy tonta y ellos me lo han aguantado todo.

fb_img_1481900060962

Se publican muchas chorradas en Facebook, pero algunas no están tan mal si reflejan algo que tú también piensas.

Así que, bueno, creo que ya pasó. Como diría la protagonista de “El color púrpura” de Alice Walker: “Seré negra, pobre, hasta pué que fea.. pero a Dios gracias, aquí  ´stoy”. Yo soy sentimental, vehemente, apasionada, miedosa, reflexiva, insegura, directa, sincera, dura, exigente, exagerada, impaciente,… soy muchas cosas, buenas y malas. De las buenas intento sacar partido y a las malas las intento controlar, pero lo importante es que estoy aprendiendo a aceptarme como soy. Me pongo muchas limitaciones y a veces me cabreo conmigo misma, pero creo que a pesar de todo estoy creciendo como persona y, aunque me cueste reconocerlo, cumplir años me está dando arrugas pero también me está ayudando a madurar. Estos meses habrán sido un mal capítulo pero desde luego que no serán el fin de la historia. Porque aquí estoy…

Daca a simple vista. O sobre cómo encontrar aquí la zona de confort

Periodo de transición. Proceso de adaptación. Esos son los 2 conceptos que podrían definir nuestra situación actual. Cambio de lugar de residencia, de trabajo y de cole: de Namibia a Bangladesh. Cualquiera que sepa un poquito sobre estos 2 países se dará cuenta de que el salto en esta dirección parece ser un tanto “heavy”. Y… bueno…, sí… lo es. No voy a negarlo. Digamos que entre un lugar y otro no hay apenas algún elemento común y que la única parte de la ecuación que permanece invariable somos nosotros mismos. Así que desde el principio sabemos que la adaptación va a ser dura y que el proceso va a requerir de mucho esfuerzo por nuestra parte.

Partimos de la premisa de que desde el momento en el que decides llevar a cabo un cambio en tu vida (como se dice últimamente, salir de tu zona de confort) e iniciar una nueva etapa, te ves abocado a pasar por este periodo y por este proceso. Es algo inevitable que afrontamos con optimismo puesto que somos conscientes de que, superada la etapa, habrá valido la pena. Porque siempre siempre siempre vale la pena, incluso cuando la experiencia no es después tan positiva como se esperaba. Además, en nuestro caso es algo deseado y buscado, muy distinto de aquellos que se ven “obligados” a ese cambio. Mi respeto y admiración por ellos.

Llevamos 2 semanas aquí y si no me he sentado hasta ahora a escribir algo no ha sido sólo porque hayamos estado liados haciendo gestiones, sino porque no quería transmitir negatividad y estaba esperando a que todas mis emociones se asentaran. En esta ciudad te dan ganas de llorar todo el tiempo por muchos motivos, pero como del llanto a la risa hay un paso, estaba esperando a que me diera por reír. Y mira, la risa va llegando, y ahora se mezcla con el llanto. Pura vida.

FB_IMG_1459486103118

Daca es una ciudad que alberga a 16 millones de personas. Su crecimiento se ha producido de manera salvaje desde que el país logró su independencia de Pakistán en 1971. No ha habido ningún tipo de ordenación o planificación urbanística y es un absoluto caos, hasta el punto de que es considerada una de las peores ciudades del mundo en lo que a calidad de vida se refiere (ya lo mencioné en otra entrada). Incluso el área diplomática donde nosotros vamos a vivir no se libra de estas características. Hay edificios de todos los tipos, algunos preciosos de hasta 15 pisos con jardines en los bajos y en la terraza de arriba, al lado de otros medio derruidos con la pintura descascarillada y sin cristales en las ventanas; también hay mansiones amarmoladas, con adornos dorados, columnas y puertas enormes, al lado de chabolas hechas con materiales de desecho.

20160504_175626_resized

En muchas calles hay puestos de comida caliente, fruta, caramelos, frutos secos o maíz dulce, cestos con gallinas vivas, mesas con ropa de segunda mano, pulseras y bolsos, pañuelos, también vendedores de te, zapateros, peluqueros y gente que no se sabe muy bien a qué se dedican pero que se sientan en grupos y charlan airadamente. Son hombres casi todos los que trabajan en estos puntos de venta y aquellos que se sientan de cuclillas sin hacer nada. Las mujeres pasan andando con discreción o van subidas en los rickshaws o los mototaxis, pero no se las ve a simple vista (al menos en la ciudad, el extrarradio o la zona rural es otra cosa). Las pocas que se ven van vestidas con saris o con conjuntos de 3 piezas (camisa larga hasta debajo de las rodillas, pantalón hasta los tobillos y pañuelo largo en los hombros o en la cabeza). Se ven pocas con la cabeza totalmente cubierta pero algunas sí que se ven, e incluso también te topas con mujeres que cubren casi por completo su rostro, dejando sólo ver unos ojos con los que pueden expresarlo todo. Los hombres también llevan camisas largas abiertas a los lados o camisas en el torso con una especie de tela enrollada por las piernas y que cae hasta los tobillos (dhoti). Algunos llevan gorros de crochet en la cabeza y la barba característica de los musulmanes. Gente, gente, gente por todas partes.

20160508_170710_resized20160516_125127_resized

La mayoría de los vendedores callejeros duermen en la calle, al lado de esos puntos de venta que son su fuente de ingreso, y comparten la calle con los conductores de los rickshaws, que adoptan las posturas más incómodas para lograr la horizontal en un espacio reducido y tan poco plano. Y en medio de todos ellos, los perros, amos y señores de la calle.

Las calles están, también, llenas de escombros y de basura. Aceras altas pero mal adoquinadas, así como las calles de asfalto por donde pasan los coches que están llenas de agujeros. Para más inri, los días que llueve se llena todo de charcos y no me quiero ni imaginar cómo se pondrán en la época de monzón.

Los cables de la luz van de poste a poste por las calles y cualquiera diría que hay un cable por cada persona que habita en una casa o edificio porque de poste a poste se agrupan hasta 30 cables juntos, anudados o cayendo con diferentes ángulos, que a veces son tan pesados que caen sobre las aceras, o a la altura de los viandantes.

Hay algunas avenidas principales con varios carriles en cada sentido y también calles más estrechas donde se puede circular en cualquier sentido, al libre albedrío, y esto es quizá uno de los motivos por los que el tráfico es una locura. Un coche viene por una dirección, otro aparece de frente y tendrán que maniobrar para poder pasar los dos, rodeados de rickshaws, mototaxis de 3 ruedas y gente andando. Como ninguno está dispuesto a ceder, se paraliza el tráfico y empiezan a pitarse y a chillarse por las ventanas de sus vehículos, hasta que poco a poco avanzan y logran pasar a menos de 4 cm de distancia del otro vehículo. Pero esa operación ha generado un atasco monumental que es el pan nuestro de cada día. Si esto se produce en un cruce, las calles atascadas serán más, lo que hace que moverse de un sitio a otro en coche sea absolutamente desesperante.

IMG-20160507-WA0006_resized

Cuando uno llega aquí enseguida nota que hay ruido casi durante las 24 horas del día. Suenan los coches y sus pitidos. Pitan por vicio, sin parar, para anunciar a todos que quieren que se les deje paso. También suenan los aires acondicionados de los edificios y las obras de construcción que se están realizando por toda la ciudad, a pico y pala, con poca maquinaria, sólo hordas de gente haciendo trabajo manual.

Otra cosa que llama la atención son los olores. Huele fuerte y mal. No es sólo la suciedad y la contaminación, sino también el olor a especias y a fritanga y todo tipo de perfumes, en spray o quemados, para disimular los malos olores pero que acaban siendo tan desagradables como los otros.

En resumen, este desorden y este caos por el que uno desearía salir corriendo sólo tiene un causa, que afecta a los sentidos más aún que los olores, los ruidos, el hacinamiento y la suciedad: la pobreza. Esta ciudad está llena de vida, pasan cosas en cada una de sus esquinas, todo es emocionante y todo merecería ser contado, pero si nos duele es porque destila pobreza y desigualdad por todas partes. Toda esta gente que camina por las calles sobrevive con lo minimísimo y no tiene acceso a ninguno de los servicios a los que estamos acostumbrados en nuestro estado del bienestar: educación y sanidad públicas, gratuitas y universales, sistema de pensiones, subsidios por desempleo, apoyos al emprendimiento, medidas a favor de la desigualdad, sistema de protección social, etc. etc. etc. Por alguna razón ocupan el puesto 142 (de un total de 188) en el ranking del Índice de Desarrollo Humano del PNUD del año 2015 Informe PND 2015. Si esta pobreza la mezclas con el capitalismo salvaje con su ley de “sálvese quién pueda”, el resultado es este.

20160516_122332_resized

Si además de observar la vida en la calle abrimos el periódico todos los días y nos paseamos por las páginas de información nacional, descubrimos que hay temas que se repiten como reflejo de la situación económica y social del país en estos momentos: el terrorismo islámico y contraterrorismo liderado por EEUU; la industria textil y sus dificultades para mantener sus ritmos de producción (poca mención a las condiciones de trabajo de los empleados y empleadas); los abusos y violaciones contra mujeres como resultado de una sociedad vergonzosamente desigual; las muertes que se producen por rayos (hasta 60 en el último mes!); los conflictos en los campos de refugiados de población rohingya (de Myanmar) establecidos desde hace décadas en el sur de Bangladesh; las relaciones diplomáticas con India (buenos amigos) y Pakistán (acusación de continua injerencia); las ejecuciones de presos políticos- aquellos que apoyaron a Pakistán durante la guerra de independencia-; las manifestaciones, huelgas y protestas (lo que llaman “hartal”)… y para suavizar el ambiente, la vida y milagros de las estrellas de Bollywood y de Hollywood.

Y, aunque parezca imposible, muchos extranjeros han creado aquí su zona de confort. ¿Podremos nosotros?

Una cuestión de actitud

cielo

Desde hace unos meses Tomás y yo sentíamos que estábamos listos para un cambio. Namibia nos pareció el paraíso cuando llegamos porque la vida con niños en Windhoek es muy cómoda y porque viajar por la zona ha sido un regalo para los sentidos, pero es curioso como puede haber cosas que en un momento dado te gusten y luego, pasado el tiempo, llegues a odiar. Y estábamos llegando a ese punto. España no era en ningún caso una opción, por el momento, no porque no queramos volver a la madre patria, sino porque por ahora estamos muy bien fuera y sabemos que si volvemos ahora, ya sí que no nos van a sacar ni a patadas. Ya vamos teniendo una edad… Así que Tomás empezó a presentarse a distintos puestos de trabajo que salían y le interesaban y así es como en los últimos meses surgieron varias posibilidades.

Hay quien me pregunta por qué no he sido yo la que buscaba trabajo en esta ocasión y la respuesta es compleja: tiene mucho que ver con la vocación de Tomás, con su dedicación y determinación, con su capacidad de trabajo y ambición profesional. Yo sigo ocupada, haciendo de todo (menos prostituirme ;-)), pero de una forma o de otra, he dejado de lado mi carrera profesional y he priorizado estar con los niños, cosa de la que no me arrepiento, aunque a veces pesa; no tengo ni de lejos la vocación ni determinación que tiene Tomás, circunstancia que de haberse producido, nos habría complicado la vida enormemente y habría supuesto quizá una ruptura; esta falta de vocación la compenso con mi capacidad de adaptación a lo que me echen y con mi habilidad para hacer lo que surja. Y no lo digo por tirarme flores, pero sí para que veáis las cosas como son: en un equipo tiene que haber todo tipo de jugadores, no podemos ser todos delanteros. Bueno, además, también hay que considerar que yo quizá sí que vuelva a trabajar, pero en ningún caso mi salario podría ya equipararse al de Tomás y, teniendo en cuenta mi perfil “oenegero”, me da que no daría para que toda la familia viviéramos de mi sueldo en las condiciones en las que estamos viviendo ahora, con un sueldo de Naciones Unidas. En España la cosa cambiará y habrá que reinventarse de nuevo.

Pero bueno, explicaciones aparte, el caso es que Tomás presentó su CV a un puesto en Bangladesh y yo le dije que por probar estaba bien pero que yo no me iba allí a vivir ni de coña. Estábamos al mismo tiempo pendientes de Filipinas, Ginebra y Perú, siendo cualquiera de estos 3 sitios, sinceramente, más apetecibles. Pero después de recibir la carta de admisión tuvimos un poco más de una semana para tomar una decisión y, bueno, pues viendo pros y contras, descubrimos que de hecho Bangladesh estaba muy bien… así que, para allá vamos!!!

bailarines

Comparto con vosotros nuestra lista de cosas positivas y negativas de mudarnos a Bangladesh por una temporada, por si acaso en algún momento os surge el mismo dilema. Espero que, de ser así, esta reflexión os ayude ;-), y si no, bueno, pues aplicadla para cualquier cosa y, sea lo que sea… quizá acabéis en Bangladesh!!! (je, je):

Positivas:

  • Dejamos Namibia en breve, que, como ya he dicho, empezaba a cansarnos a los 2.
  • Los billetes a Bangladesh desde España son más baratos que los billetes a Namibia desde España, por lo que esperamos más visitas de familia y amigos y nosotros esperamos ir más a menudo a España.
  • Siempre es bueno mudarse, es como renovarse, en muchos sentidos. Uno de ellos es que haces limpieza de cosas que guardas y que son en realidad inútiles. Otra, por supuesto, es que renuevas ilusiones, y eso sí que es importante. Renovar amistades también tiene su punto, aunque nos va a dar muchísima tristeza despedirnos de muchas personas aquí que han sido nuestra familia en este tiempo.
  • Vamos a tener contacto con una región del mundo que es prácticamente desconocida para nosotros y que debe de tener sus peculiaridades. Venir a Namibia ha sido todo un aprendizaje. Uno no se vuelve experto de un país, ni siquiera de una región, después de 5 años, pero sí que podremos hablar de esta zona del mundo con cierto conocimiento de causa. Ahora estamos entusiasmados con la idea de conocer Asia, de viajar a Nepal, Bhutan (si logramos invitación), Vietnam, Malasia, Tailandia, China… El mundo es ancho y ajeno, que decía un escritor peruano (Ciro Alegría), pero podemos hacerlo nuestro.
  • La educación pública es prácticamente inexistente en Bangladesh, pero los colegios privados internacionales tienen fama de ser, en esta región del mundo, especialmente buenos. La educación en Namibia, por el contrario, aunque ha estado bien para estos años, tiene unos estándares bastante bajos, según estudios que se publican, no sólo según mi impresión, así que nos vendrá bien conocer otro tipo de metodologías que parecen ser buenas.
  • La comunidad internacional es especialmente acogedora en Dhaka, cosa que estamos notando sólo con los primeros contactos por mail y teléfono que hemos establecido (parece como si hubiéramos logrado conexión con Marte, ¿no? ji ji!!). Tomás ha tenido también muy buen feeling con el que será su jefe y resto de equipo de trabajo. Quizá esto se debe a que, ante el caos, no te queda más remedio que crear una burbuja para protegerte. En Namibia el ambiente no ha sido fácil es un país difícil para hacer relaciones. No voy a analizar por qué, aunque, por supuesto, tengo mis teorías que compartiré con gusto en una conversación informal tomando una cerveza.
  • Bangladesh es todo un reto y nos apetece enfrentarnos a él. Es fácil perder el norte cuando uno se relaciona con personas que trabajan en organismos internacionales, en embajadas, en ONGs y en el sector privado fuera de España y creer que lo importante es buscar un sitio donde se viva bien. Tomás y yo vivimos con intensidad nuestra vocación que es la lucha contra la desigualdad y el trabajo por el desarrollo de los pueblos y la justicia social. Por supuesto que tenemos nuestras debilidades y nuestras necesidades de vivir bien, pero lo que nos motivó en su momento a marcharnos de España no fue hacer dinero y mejorar nuestro estatus, sino conocer de primera mano las causas de la pobreza y contribuir a reducirlas con nuestro grano de arena. No somos tan valientes como para irnos a lugares que sí que son realmente duros por cuestiones de seguridad, pero sí que podemos ir a sitios donde el trabajo por hacer es inmenso y las condiciones de vida, si bien difíciles, no van a ser muy duras para nosotros. En Dhaka nosotros vamos a vivir muy bien, pero también nos va a permitir estar en un lugar del mundo donde muchos millones de personas carecen de los mínimos servicios para vivir y no tienen acceso a los derechos más básicos, y es por ellos por los que queremos trabajar.
  • Yo tengo más probabilidad de encontrar un trabajo interesante en Dhaka que lo que he tenido en Windhoek y los niños ya van teniendo una edad en la que, quizá, requieran menos atención. Esto es una hipótesis aún.

Negativas:

  • Es una país caótico, sucio, en el que huele mal y hay mucha gente. Según el Mercer´s Quality of Living Ranking, Dhaka (Dacca en español) es la ciudad con peor calidad de vida en Asia y está entre las 20 peores de todo el mundo Artículo El País

dhaka

Ya está.

Pon a una adolescente en tu vida

Durante 3 meses vamos a ser uno más en casa. Mi sobrina Sofía (14 años) ha venido para perfeccionar su inglés y está asistiendo al cole de los niños (Grade 8, que es el primer curso de secundaria). Para nosotros ha sido fácil desde el primer día. Para ella la primera semana fue un pelín difícil porque empezaba en el tercer y último trimestre del curso escolar con chavales que llevan juntos 8 meses; además, llegamos unos días más tarde y, encima, es extranjera. Me decía los primeros días que estaba nerviosa, que sentía todo el tiempo que la gente le miraba, y yo pensaba, “que bien lo llevas, maja, yo estaría muriéndome de vergüenza”.

El mismo día que llegamos de España nos acercamos al cole para que nos dejaran un uniforme de segunda mano y, según estábamos llegando a la oficina 3 niñas se acercaron y le preguntaron el nombre, y cuando les dijo- muy tímida, con voz melosina y con una sonrisa nerviosa- que se llamaba Sofía, las otras le dijeron: ¡¡¡lo sabíamos, te estábamos esperando!!! Y minutos después ya estaban intercambiándose números de teléfono.

Al día siguiente empezó y, efectivamente, se ha convertido en la novedad de High School. Todo el mundo conoce a la chica española, no sólo porque sea guapa y llame la atención (no es amor de tía, la chiquilla lo es), sino porque es un encanto, muy sociable y muy natural.

20150915_064109_resized

El primer fin de semana ya le invitó una amiga a dar juntas un paseo por el centro comercial, pero el resto del tiempo de ese finde estuvo con nosotros y con amigos nuestros. El segundo fin de semana nos fuimos a una granja con un grupo de amigos y, muy educadita, al volver a casa me preguntó: “¿vosotros no tenéis amigos con hijos de mi edad?” A lo que respondí tras una breve reflexión: “uff, pues es verdad, no, no tenemos”. Así que me di cuenta de que los fines de semana iban a ser un tostón para ella si sólo hacíamos planes de niños pequeños. Pero no tuve que hacer ningún plan alternativo porque el miércoles de esa semana de después me mostró cómo no era necesario que yo interviniera. Me preguntó si podía venirse a dormir una amiga a casa, a lo que yo respondí que por supuesto y que, si sentía que iban a estar incómodas durmiendo en la misma cama (su cama es de matrimonio), podían coger uno de los colchones de camping que se pliegan, y me contestó: “ah, pues sí nos vendrá bien, porque a lo mejor viene más de una amiga”. Ahá… efectivamente Sofía sabe buscarse la vida.

Así que, bueno, vinieron 2 amigas, con un pavo las 3 que pa´qué. En bañador desde que casi entraron en la casa, encerradas en su habitación la mayor parte del tiempo, pero muy educadas con nosotros cuando teníamos que compartir espacio. Mis hijos estaban un pelín cohibidos al principio, especialmente Guille con tanta mujerona, pero luego enseguida se relajaron y acabaron, sobre todo las niñas, yendo a la habitación para observarlas y dejar que les hicieran peinados.

Ese sábado todos lo pasamos en el cole porque había un evento familiar, y por la noche Sofía se quedó a dormir en casa de una de esas 2 amigas y no le vimos el pelo hasta el día siguiente por la tarde- noche cuando volvió a casa a dormir. De entre todas las cosas que podría decir de cómo me sentí yo durante todo el fin de semana sólo puedo destacar una: alucinada, sorprendida, encantada con su capacidad para relacionarse con gente nueva y de adaptarse a una nueva situación.

Sobra decir que durante estas semanas han sido muchas las conversaciones que hemos tenido, diferentes a las conversaciones que suelo tener con mis hijos por razones obvias. Es como si estuviera descubriendo de nuevo Namibia y el colegio con el que hemos estado relacionándonos 3 años ya. Además, me está ayudando a ver qué significa ser adolescente hoy en día y prepararme para lo que vendrá. Ya me he puesto al día en la música que escuchan los jóvenes (o la gente más joven que yo ;-), quiero decir) en la actualidad, así que, ¿qué más puedo pedir?

Sirva esto de introducción para lo que en realidad quería contar: este viernes le han invitado a Sofía a ir a una fiesta. El chico que le ha invitado es de Grade 10, lo que significa que ronda los 16 ó 17 años. Yo no sé si yo estaba preparada para esto, la verdad. Hasta hace sólo 3 semanas sólo me preocupaba por cuestiones infantiles y de la noche a la mañana me veo decidiendo lo que es mejor para una adolescente. Los sobrinos crecen cuando estamos lejos. El resto, por suerte, seguimos igual 😉 (y van 2). Ya no es la niñita dulce a la que tuve que llevar en brazos para pintar cerámica porque las piernas le estaban creciendo y le dolían. Ahora es una señorona y con su edad yo tuve mi primer novio, de 18 años!!! así que la historia podría repetirse… y me da terror!!! Se lo digo a mi hermana y, tan pichi, me suelta: bueno, déjala que vaya a la fiesta y que “se eche su primer novio en Namibia”. Pero yo no conozco a nadie de los que van y me da un poco de cosilla. Al fin y al cabo ella es ahora mi responsabilidad. Pero bueno, me digo a mi misma, si ella quiere ir, que vaya. Ya le he preguntado si podría ir yo de acompañante, pero no ha colado (con los joven que soy,… y van 3 😉 Le he dicho que le voy a pintar una camiseta en la que ponga que no ha venido a Namibia a echarse novio, para que le quede claro a todos sus pretendientes. Y, aunque lo digo en broma, creo que se la voy a hacer, a ver si cuela y se la pone un día aunque sea sólo por hacer la gracia. ¿Por qué será que me he vuelto tan protectora? No me gusta ser así. Creo que ella es una persona bastante madura y que sabrá tomar decisiones correctas, como yo las tomé en su momento. Pero, jo, cómo cuesta dejarles libres.

Para más inri, viene del cole y me cuenta que una amiga le ha dejado una camiseta see- through (transparente) y que no sabe si tiene que ponerse algo debajo. “Por mis cohones (sorry!) que te pones algo debajo o la cambias por un jerseicito de cuello vuelto que te voy a buscar en mi armario de mujer madura (aunque no tanto) !!!”.

Así, que, lo dicho, está siendo toda una experiencia. Nos va a dar pena cuando este bombón tenga que volver a España. A ver si se echa novio y decide quedarse 😉

You are not even from here

Hoy he tenido un incidente en el cole de los niños que me ha hecho reflexionar. Temprano por la mañana he aparcado en batería en una zona preparada para que los niños se bajen del coche y vayan andando a sus aulas. Es como un MacAuto, pero en lugar de recoger las hamburguesas, las dejas 😉 Unas hamburguesitas uniformadas preciosas, sobre todo las mías, que aunque despeinadas, nos han quedado niqueladas. Todos los padres y madres vamos a esas horas acelerados así que hay que tener mil ojos con los movimientos que haces con el coche porque estamos todos haciendo exactamente lo mismo. Bueno, pues hoy, justo cuando empezaba a dar marcha atrás para salir del aparcamiento, el coche de mi izquierda ha empezado a dar marcha atrás al mismo tiempo, con tan mala suerte de que yo he girado un poco para sacar el culo del coche y ponerme en posición de salida y nos hemos dado un pequeño golpe. Hasta ahí todo normal. Son cosas que pasan. Mala suerte. Nadie es responsable, ha sido la coincidencia y el hecho de que ninguna de las 2 nos hemos dado cuenta de que estábamos saliendo al mismo tiempo. Bueno, pues me bajo del coche para ver el arañazo y lo primero que le digo a la otra conductora es “lo siento”, sin que eso signifique que reconozca mi “culpabilidad”, sólo por educación. La señora, me imagino que también como resultado de su educación, pone cara de circunstancia y empieza a preguntarme y decirme las siguientes linduras: que si tengo seguro, que si su coche es nuevo, que si no ha sido su culpa porque ella no ha salido de su linea de aparcamiento, que si tenemos que llamar a la policía,… todo con muy mal tono. Bueno, le digo yo, dame tus datos de contacto y ya prepararemos la denuncia, cuando estemos las 2 más relajadas. Así que me da sus datos: nombre, apellido y número de teléfono, y yo más que satisfecha, así que empiezo a darle los míos: nombre y número de teléfono. Me pide el apellido: “ah, sí, perdona”- le digo y se lo doy. Me pide la dirección de mi casa y, aunque en el fondo pienso “¿para qué coño-sorry for that- quiere saber dónde vivo?” (y recuerdo que, como le dijeron a Sofía el primer día del cole, aquí todo el mundo reconoce que son muy judgemental, vamos que te juzgan en función del físico o la pasta que tienes, cosa que se puede deducir por el barrio en el que vives), yo se la doy. Digo yo que no vendrá a tirar huevos al muro de mi casa, ¿no? Y, por último, me pide el número de matrícula del vehículo, y se baja para mirarlo ella misma, y según ve que la matrícula no es como las suyas (es blanca en lugar de amarilla por ser de Naciones Unidas), me suelta: “So you are not even from here!” (Así que ni siquiera eres de aquí). Y eso sí que me deja helada.

“You are not even from here!”. No puedo dejar de pensar en esta frase. “Me alegro de que me hagas ese comentario”.- le tenía que haber dicho- “Precisamente en el lugar de donde soy hay un debate acerca del sentimiento de pertenencia a un país a raíz de las declaraciones de un famoso director de cine al que le han dado un premio nacional”. “Yo no sé de donde soy, mi casa está en la frontera”- diría Jorge Drexler y creo que me siento bastante identificada. Pero, ¿es oportuno hacer esa reflexión con esa mujer que se ve que tiene muy claro su sentido de pertenencia a Namibia y,por supuesto, mi no pertenencia a su grupo? ¿Tan importante es de dónde seamos? ¿Eso mismo se lo van a decir sus hijos a los míos cuando jueguen en el cole? ¿Es eso lo que nos separa? Pues, sinceramente, a la mierda las nacionalidades. Ya bastante nos prejuzgamos por otros motivos: religión, sexo, vestimenta, nivel económico, color de piel… ya está bien, ¿no? Vamos a darnos, siempre, como punto de partida, una oportunidad.

FB_IMG_1443202719710

Yo quizá sí que me siento española porque efectivamente muchos de mis valores y costumbres los he mamado en España, consciente o inconscientemente, pero también me siento de todos y cada uno de los sitios en los que he vivido, e incluso de sitios que he visitado y cuyas visiones de la vida o hábitos me han interesado. Además, incluso siendo hija y nieta de españoles, ¿quién me asegura a mí que mis antepasados no fueran del norte de África, musulmanes, o del norte de Europa, bárbaros o anglosajones? Todo lo que somos es resultado de una mezcla que se ha ido produciendo a lo largo de los siglos. Podría, si me pusiera a investigar, llegar a ser más africana que la señora que me dijo “You are not even from here”. Basta ya, ¿no? Basta ya de buscar diferencias por tu lugar de origen. Pensemos, más bien, que hasta mi vecino namibio, negro tizón, owambo, podría también ser mi primo. Y lo digo siendo plenamente consciente de las diferencias culturales que sufro y vivo a diario, pero creo que esa es la clave para la convivencia. Pues eso.

Una reflexión a raíz de un libro de Amin Maalouf

A mí hay libros que me emocionan. No es que lea muchísimo, me gustaría leer más, pero cuando leo algo que me gusta la sensación que tengo no es comparable con casi nada de lo que me ocurre en la vida. Hay escenas que soy capaz de vivir en carne propia, párrafos que me hacen llorar o reír como si estuviera borracha (en el tren en España seguro que más de uno lo ha pensado), personajes de los que me enamoro locamente, autores de los que podría pensar que habitan en mi mente y libros que podría leer una y otra vez, una y otra vez… No suelo subrayar los libros, por respeto a quien vaya a leerlos después, pero debería empezar a hacerlo, porque a veces quiero buscar algo que recuerdo que me gustó y me dejo los ojos leyendo en diagonal, para a menudo darme por vencida.

Bueno, el caso es que llevo una época en la que no encuentro nada que me entusiasme. No sé si en realidad la “culpable” soy yo, que me encuentro un poco apática (mamá, no me regañes, ya se que no tengo motivos, pero ¿qué le voy a hacer? no te preocupes que se me pasará) o si es que no he dado con el tipo de libros que me gustan. Yo soy muy simple, me gustan las historias humanas, que cuentan cosas quizá ficticias pero basadas en hechos reales, o que podrían darse en la realidad. Me gusta que me hagan aprender y reflexionar. Los ensayos no me interesan mucho, la literatura negra no es para mí, las novelas romanticonas me parecen absurdas,… vamos, que no me gusta perder el tiempo con cualquier cosa, porque para eso me dedico a otra de mis muchas pasiones.

Uno de los libros que tengo ahora entre manos es de Amin Maalouf, que es uno de mis autores favoritos. León el africano, Identidades asesinas o Los desorientados son de lectura obligatoria para todo aquel que quiera reflexionar sobre cultura, religión, patriotismo, identidad, nostalgia… El que estoy leyendo ahora se llama Orígenes, que no me está entusiasmando, pero que tiene párrafos que son una verdadera joya. Cuenta la historia de su familia que siendo originaria de Líbano se desperdigó entre Turquía, Egipto, Cuba, Francia…

f7d14379d6dda82dd9df5de5006bea65

Voy a copiaros el párrafo que me ha gustado y luego comparto lo que me sugiere. Para que os pongáis en situación, está contando una anécdota que le ocurrió cuando tenía 6 años y vivían en Líbano. Recibieron la visita de un primo:

Yo nunca le había visto antes y nunca lo volví a ver. Era médico en un barrio popular de las afueras de Beirut: un hombre afable, cariñoso, educado, algo tímido. Vuelvo a verlo con mis ojos de niño, sentado en el salón charlando con mi padre. De pronto, en medio de una frase que estaba diciendo, le estremeció un temblor breve pero muy impresionante, como si le hubiera dado una violenta descarga eléctrica. Mis padres, que parecían acostumbrados a ese tic, se esforzaban por aparentar que no habían notado nada. Yo estaba fascinado y no lograba apartar los ojos del visitante, de su barbilla, de sus manos, acechando la siguiente sacudida. Que volvía, infaliblemente, cada dos o tres minutos.

Cuando se fue nuestro primo, mi madre me explicó que, de niño, en Turquía, “en la época de las matanzas” un soldado lo agarró por el pelo y le puso un cuchillo en el cuello, dispuesto a degollarlo. Afortunadamente, un oficial otomano que pasaba por allí reconoció al niño y vociferó: “Suéltalo, miserable, es el hijo del doctor”. El asesino tiró el cuchillo y salió huyendo. El padre de aquel primo nuestro era también médico, efectivamente, en un barrio popular en donde cuidaba a la gente con abnegación y, muchas veces, sin pedirle ni una piastra. Así que el niño se salvó, pero el terror que sintió aquel día le dejó secuelas duraderas. En la época del drama, en 1909, tenía 6 años. Cuando hizo aquella única visita a mis padres debía tener de tener ya otros 50 más. Pero su cuerpo no había olvidado.

Luego, un poco más adelante, hay otra parte que también me gusta: “Es este un detalle que tiene su importancia: era el primer chico de la nueva generación y su abuelo, el juez [al que había mencionado anteriormente en el libro], lo adoraba como sabe hacerlo un abuelo levantino. Por ese niño, por ese drama evitado por poco, decidió mi bisabuelo irse de Estambul con toda su gente. La cuchilla del odio en la garganta del nieto era un aviso; y no estaba dispuesto a comportarse como si no lo hubiera oído“.

¿Por qué me gusta esta parte del relato?

– Hay cosas en la vida que pueden llegar a ser tan traumáticas que pueden dejarte secuelas para el resto de tus días. Por supuesto que tener un cuchillo en el cuello es una de ellas, pero hay cosas aparentemente más insignificantes que no se te quitarán de la mente por más que pasen 100 años. Determinan tu manera de ser, de ver el mundo, de enfrentarte a la realidad, de relacionarte con la gente. Para el resto de las personas a menudo pasan desapercibidas, pero para uno mismo suponen el antes y el después de todo lo demás, y no hay manera de controlarlas, ni siquiera con ejercicios de meditación. Vaya putada, ¿eh? Esto es muy duro. A veces  este trauma pasa de generación en generación… Y pienso en mi misma, que aunque parezca fuerte también tengo mis traumas, pero ahora en quien más pienso es, por ejemplo, en gente como las niñas secuestradas por Boko Haram, y siento ponerme ceniza, pero es un tema que me interesa tanto como contar cosas de mis niños. Hace poco han liberado a 200 y pico de las niñas y dicen que la mayoría de ellas están embarazadas (podrían buscar los números exactos, pero en realidad qué más da, no menos horrible cuantas menos niñas sean). ¿En qué mundo vivimos? Es horrible!! ¿¿Se puede volver a vivir con ese trauma?? ¡¡Cómo puede nuestra sociedad tolerar eso!!! Este tipo de cosas marcan a esta y a varias generaciones, no sólo a las afectadas directamente, sino también a la sociedad en la que viven y a todos aquellos que empatizamos con ellas. Yo desearía dejar de leer las noticias, pero no estaría bien, estas niñas se merecen cuánto menos nuestra compasión.

Chibok_bring_back_our_girls

– La segunda reflexión que me sugiere tiene que ver con la migración. Hace poco escuchaba decir a una persona, africana para más información, que no entendía por qué la gente arriesgaba su vida en un barco para cruzar hasta Europa, aún a sabiendas de que podían morir en el intento. Probablemente hay mucha gente que se lo pregunta. Pensarán que deberían haberse quedado en sus casas. Parecen tontos, ¿no? Pero ¿cómo podemos ser tan ignorantes? Hay personas inteligentes, sensibles, generosas, miedosas… hay personas como tú y como yo que adoran a sus familiares “como sabe hacerlo un abuelo levantino“, que están tan desesperadas que no ven otra salida a su situación. Lo habrán pensado todo antes de decidirse a pagar un montón de dinero, endeudándose o endeudando a sus familias a veces de por vida, subir a un barco inseguro y atestado de otros desesperados y poner su vida en peligro por intentar llegar al “paraíso”. La migración por razones económicas es un drama en si mismo. No se puede comparar con lo que hemos hecho otras muchas personas emigrando a otros países para trabajar o estudiar. Esta gente no huye de la falta de oportunidades, huye de la guerra y el hambre, que aunque nos resulte duro de asumir, sigue sucediendo a nuestro alrededor. ¿Qué menos que por lo menos compadecernos? Poco podemos hacer por evitarlo (es odiosa esta sensación de impotencia), pero por lo menos hagamos nuestro también su drama.

tumblr_n7gt24huNA1r44q44o1_1280-lampedusa-boat

Yo también necesito de vez en cuando ver una comedia o leer un libro que me haga reír. Pero combinémoslo con un poco de realidad, aunque sea dura. Seamos conscientes de nuestros traumas como sociedad porque será la única manera de evitar que se perpetúen de generación en generación.

 

_DSC0395

Un viaje en coche con los niños

Podéis estar orgullosos de vuestros hijos, qué bien se portan”- eso nos dice la señora que gestiona el sitio donde nos hemos quedado a dormir las 3 noches de las vacaciones de Semana Santa. Nosotros le devolvemos el piropo con una sonrisa, pensando que efectivamente hay niños que se portan peor que los nuestros, pero que no es oro todo lo que reluce: si esta señora pasara media hora subida en el coche con nosotros (para la vuelta a casa serán en total 6 horas de viaje) no pensaría lo mismo.

Hemos ido a un parque transfronterizo entre Sudáfrica y Botswana que se encuentra en mitad del desierto del Kalahari. El parque se llama Kgalagadi y es conocido porque hay muchos leones, guepardos y leopardos. En otros parques de la zona se pueden ver leones, pero no abundan como en este parque y, además, son diferentes, porque los machos de aquí tienen la melena negra mientras que los de Etosha, por ejemplo, tienen la melena rubia. El paisaje es espectacular: desierto de hierba alta verde en su nacimiento y seca en la zona a la que le da el sol, las acacias típicas de la zona, otros arbustos y dunas de arena rojísima que aparecen intercaladas entre las colinas. Las 2 arterias principales del parque a lo largo de las cuales circulan los vehículos son el cauce de 2 ríos que confluyen en el sur en un punto llamado Tweeriveren.

_DSC0395_DSC0301cobra

El primer día nos sentimos un poco defraudados porque después de todo el día en el coche sólo vimos un guepardo a lo lejos, un par de cobras, montones de oryx, sprinboks, avestruces y ñus y varias tortugas. A ver, estuvo guay, pero nosotros creíamos que íbamos a ver fácilmente a alguno de los 450 leones que dicen que hay en el parque. Esa noche, sin embargo, nos fuimos a casa pensando que a lo mejor los leones, como los Reyes Magos o el Easter Bunny, no existen, y que todo había sido un engaño… Pero, voila!, al día siguiente, además de ver una familia de más de 20 jirafas, conseguimos ver leones en 2 ocasiones. Así que, misión cumplida.

_DSC0377 _DSC0370

En cualquier caso, lo que quería contaros es que siempre presumimos de que nuestros hijos se portan muy bien en el coche y de que están muy acostumbrados a viajar, pero eso no quita que se pasen momentos tensos, de desesperación y hartura, en los que hasta les llegamos a decir aquello de: ¡¡última vez que salimos de viaje con vosotros!!

6 horas en un coche dan para mucho. He aquí alguna de las cosas que suceden:

Lo primero que hacen los niños nada más subirse al coche, por norma, es decir que quieren algo de comer, aunque hayamos terminado de desayunar sólo 10 minutos antes!!! Bueno, pues, como nos lo sabemos, siempre vamos preparados con una bolsa llena de guarrerías, léase, galletas, patatas, biltong, frutos secos, etc.

Lo segundo, siempre siempre siempre, es aquello de “quiero el Ipad”. Piensan que el que primero lo dice, antes puede utilizarlo, así que a veces lo sueltan incluso antes de que nos haya dado tiempo a arrancar el coche. Nuestra estrategia es que aguanten un poco y que hagan otras cosas antes de cogerlo (ver el paisaje, descansar, mirar las nubes… ¿qué se yo?), pero luego se ponen tan pesados que empezamos con los turnos de 15 minutos para hacer uso del dichoso Ipad.

niños en el coche

Esto puedo durar una horita o algo más, pero enseguida empiezan a pelearse por si alguno lleva demasiado tiempo, o porque no les han dejado terminar el juego al que estaba jugando, o porque a Mara se lo quitan para supuestamente enseñarle a jugar y luego no se lo devuelven en un rato,… Así que llega un momento en el que hay que decir aquello de “vamos a descansar un poco de Ipad, ¿ok?” cuya respuesta, of course, es que no están ok, por lo que no queda más remedio que hacerlo “porque lo digo yo”.

¿Y ahora qué? pues vamos a pensar en actividades alternativas… ¿Jugamos a veo veo? Teniendo en cuenta que Namibia es un país cuyo paisaje se caracteriza por ser desértico o semidesértico digamos que no hay mucho donde elegir: árbol, termitero, nubes, cielo, carretera, coche (durante mucho tiempo, sólo nuestro coche)… así que hay que darle rienda suelta a la imaginación. África siempre encuentra cosas exóticas y encima te lía porque estamos jugando en español pero ella de repente ha pensado en algo en inglés; Guille juega poco porque el cabreo por haberle quitado el Ipad le dura más que al resto; y Mara es para morirte de risa: todas sus palabras empiezan por Ma (aunque luego sea volante o pájaro), y en realidad no piensa en ninguna palabra, sólo nos deja hacer el paripé y decide qué palabra es sobre la marcha. Curiosamente siempre es una palabra que dice África, porque le gusta que sea ella la que lo acierte, no me preguntéis por qué.

Mientras tanto Guille se quita los zapatos y el olor dentro del coche se vuelve insoportable. “Venga, chicos, abramos un ratito las ventanas para que nos de el aire…”

Pasemos a otro juego: yo digo una palabra y el siguiente tiene que decir algo que esté relacionado con esa palabra. Empezamos: leones, y África dice Kalahari, y Guille dice Namibia, y papá dice casa, y Mara dice Frozen (?!?!)… todo fluye bastante bien, con Mara siempre diciendo cosas que no vienen a cuento pero que nos hacen reír, y para hacerlo más divertido de vez en cuando intercalamos palabras mágicas que les encantan a los niños, como caca, culo, pedo pis, y esas cosas… pero en un momento dado empezamos a dar vueltas sobre lo mismo: rojo, dice uno, y el otro dice labios, y alguien dice pintalabios, y dicen boca, y mordisco, y herida, y roja, y de nuevo labios y pintalabios… “a ver, tesoritos, que nos hemos metido en un círculo en el que estamos repitiendo siempre lo mismo, cambiemos de juego”.

Y toca cantar y entonces nos damos cuenta del daño que nos ha hecho el Cantajuegos porque las únicas canciones que nos sabemos son las de para dormir a un elefante, un cocodrilo se metió en la cueva o una viborita larga y finita… pero, bueno, ¿qué ha sido de todas las canciones de los payasos??? ¿o de las de los dibujos de la tele??? A Mara le dices que cante una de las del cole y siempre nos sale con canciones religiosas del tipo “Fishing for Jesus”, cosa que alegraría mucho a nuestros padres porque se darían cuenta de que sus temores eran infundados porque nuestros hijos sí que están recibiendo una educación religiosa.

Una paradita para echar gasolina y de nuevo empezamos desde el principio. Se ve que hoy no va a dormirse ni el tato. Y cuando llegamos a casa ya estamos pensando dónde y cuándo será el próximo viaje. Se ve que estos niños no se portan tan mal al fin y al cabo.

_DSC0419DCIM100GOPRO